La depreciación es particularmente problemática para países importadores de energía. Cuando la moneda local cae, el petróleo —que se paga en dólares— se vuelve todavía más caro en términos domésticos, creando un círculo de presión inflacionaria.
El petróleo caro se transmite rápidamente a la inflación a través del precio de los combustibles, el transporte y los costes de producción.
Al mismo tiempo, una moneda más débil encarece todas las importaciones.
En el caso de India, algunos analistas advierten que si el crudo se mantiene por encima de 100 dólares, el déficit por cuenta corriente podría ampliarse y aumentar la demanda estructural de dólares.
Esto coloca a los bancos centrales en una posición difícil: deben contener la inflación y estabilizar sus monedas sin frenar demasiado el crecimiento económico.
Si el conflicto geopolítico se prolonga y el petróleo permanece alto, algunos analistas ven riesgos de mayor estrés en las monedas asiáticas.
Entre los escenarios que se discuten en los mercados:
Estos niveles no son predicciones firmes, sino escenarios condicionados a la evolución del conflicto, los precios de la energía y la eficacia de las intervenciones de los bancos centrales.
Las autoridades monetarias de la región ya están desplegando varias herramientas para estabilizar sus monedas y contener la volatilidad.
El Banco de la Reserva de la India (RBI) ha intervenido en el mercado de divisas y ha introducido medidas para aumentar la liquidez en dólares.
Una de las más destacadas fue el anuncio de una subasta de swap USD/INR por 5.000 millones de dólares, diseñada para suministrar dólares al mercado y aliviar la presión sobre la rupia.
El objetivo es reducir la volatilidad sin endurecer demasiado la política monetaria, lo que podría afectar al crecimiento económico.
Indonesia ha adoptado una estrategia más agresiva para defender su moneda.
Subir los tipos puede atraer capital extranjero y apoyar la moneda, aunque también implica el riesgo de frenar la actividad económica interna.
La crisis pone de relieve una vulnerabilidad estructural de muchas economías emergentes de Asia: su fuerte dependencia de la energía importada.
Cuando el petróleo se dispara durante crisis geopolíticas, los responsables de política económica deben equilibrar tres objetivos difíciles a la vez:
Mientras el conflicto mantenga volátiles los mercados energéticos, las monedas asiáticas seguirán siendo especialmente sensibles a los movimientos del petróleo y al apetito global por el riesgo.
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