Estas cifras deben interpretarse con cautela. Son referencias de mercado divulgadas por fuentes del sector, no una cotización única y transparente ni un precio contractual aplicable a todos los compradores. El importe puede variar según el tamaño, el grado, la calidad de la oblea, el proveedor y las condiciones del pedido. Aun así, la dirección y la magnitud de las subidas son compatibles con un mercado en el que los compradores compiten por una oferta limitada.
La reacción bursátil ofrece otra señal, aunque menos concluyente. Un índice relacionado con el InP, que sigue a más de 20 empresas cotizadas en la China continental, ganó un 4,2% en una sesión. El movimiento sugiere que los inversores están reevaluando el poder de fijación de precios y el potencial de beneficios de los proveedores, pero por sí solo no demuestra que el precio de las obleas vaya a seguir subiendo.
Los centros de datos de IA mueven enormes volúmenes de información entre procesadores, memoria, conmutadores y almacenamiento. Cuando las conexiones eléctricas se enfrentan a límites de velocidad, distancia y consumo energético, los enlaces ópticos se vuelven cada vez más importantes para transportar datos entre racks y sistemas.
Los láseres basados en InP forman parte de la cadena de componentes que hace posibles esas conexiones. Por eso, el crecimiento de los clústeres de IA no solo aumenta la demanda de GPU y equipos de red: también impulsa la de sustratos, obleas epitaxiales, láseres y transceptores ópticos. Reuters informó de que las restricciones chinas a las exportaciones de InP se han convertido en un obstáculo importante para las empresas que desarrollan componentes ópticos rápidos y eficientes para centros de datos de IA.
Se trata de una demanda indirecta. Un pedido de servidores no consume una oblea de InP por sí mismo, pero sí pueden hacerlo los módulos ópticos necesarios para conectar esos servidores. Si la instalación de centros de datos avanza más rápido que la fabricación de componentes ópticos, la disponibilidad de sustratos se convierte en un límite en un punto posterior de la cadena.
Aumentar rápidamente la producción de InP no es sencillo. Los fabricantes deben cultivar cristales de gran calidad, procesarlos para convertirlos en obleas y certificar el material para aplicaciones ópticas exigentes. Las nuevas plantas necesitan además equipos especializados, validación de procesos y la aprobación de los clientes antes de que su producción pueda sustituir de forma fiable a la oferta ya establecida.
Por eso, el mercado responde más despacio que el de una materia prima convencional. Una subida de precios puede incentivar nuevas inversiones, pero no genera obleas cualificadas de inmediato. Las licencias de exportación chinas añaden otra capa de riesgo al hacer menos previsible la oferta disponible fuera de China. Según Reuters, el precio medio de una oblea de InP de seis pulgadas aumentó un 250%, hasta 5.000 dólares, desde la introducción de las restricciones.
La combinación de producción concentrada, largos ciclos de certificación y controles a la exportación da a los proveedores existentes una capacidad de negociación inusual. También significa que una escasez puede afectar a los fabricantes de dispositivos ópticos aunque el material represente solo una parte del coste total de un sistema de redes para IA.
Informes del sector señalan que los precios de los sustratos de InP ya habían aumentado tres veces desde el trimestre de octubre a diciembre de 2025. Los proveedores estarían estudiando una nueva subida superior al 10% para el trimestre de octubre a diciembre de 2026. Las obleas epitaxiales —que incorporan una capa semiconductora sobre el sustrato— también habrían registrado varios incrementos.
Una cuarta subida sería relevante porque apuntaría a un problema persistente, no a un reajuste puntual. La secuencia divulgada sugiere que la demanda sigue superando la capacidad cualificada disponible a corto plazo, mientras que el posible tamaño del próximo incremento indica que a los compradores les resulta cada vez más difícil asegurarse el suministro.
Eso no garantiza que los precios vayan a subir indefinidamente. Los pedidos de infraestructura de IA podrían ralentizarse, los clientes podrían rediseñar sus sistemas o nuevos proveedores podrían poner capacidad en funcionamiento. Pero hasta que alguno de esos factores cambie de forma sustancial el equilibrio entre oferta y demanda, la presión inmediata seguirá siendo alcista y volátil.
JX Advanced Metals ha anunciado una inversión de hasta 120.000 millones de yenes durante cuatro años para reforzar su capacidad de producción de sustratos de InP destinados a las comunicaciones ópticas. El plan contempla ampliar la capacidad más allá de su actual planta de Isohara e incorporar instalaciones en la zona de Hitachinaka.
La prensa especializada describe el programa más amplio como un objetivo de producción de entre siete y diez veces el nivel del ejercicio fiscal 2025 para el ejercicio fiscal 2030. JX también está negociando revisiones de precios con sus clientes mientras trata de establecer un marco de suministro más estable.
La respuesta de la compañía es importante por dos motivos. Primero, confirma que los proveedores consideran que las comunicaciones ópticas para centros de datos representan una oportunidad suficientemente grande como para justificar inversiones de esta magnitud. Segundo, el calendario muestra por qué la nueva capacidad no resolverá de inmediato la tensión: la ampliación se desarrollará durante varios años, mientras que los pedidos de centros de datos se están realizando ahora.
Algunos informes también han planteado la posibilidad de que JX busque precios entre dos y tres veces superiores debido a que las consultas de clientes superan la expansión prevista. Ese múltiplo concreto no debe presentarse como un precio anunciado para toda la compañía. El comunicado oficial de JX respalda el plan de inversión, mientras que los informes sectoriales suministrados respaldan la existencia de conversaciones sobre revisiones de precios, no una subida confirmada de entre dos y tres veces.
El riesgo inmediato no es necesariamente que los centros de datos de IA dejen de funcionar. El problema es que el despliegue de redes ópticas densas y de alta velocidad puede encarecerse, sufrir retrasos o depender aún más de un grupo reducido de proveedores cualificados.
Para los grandes operadores de la nube y los fabricantes de equipos, la presión puede aparecer en varios frentes:
Los controles chinos intensifican el riesgo de concentración, mientras que las inversiones previstas en Japón y otros lugares apuntan a una diversificación gradual de la oferta.
Los precios elevados ofrecen a los proveedores un incentivo para ampliar sus plantas, a los clientes una razón para firmar acuerdos de suministro a más largo plazo y al sector un motivo para buscar materiales alternativos o diseños ópticos más eficientes. Sin embargo, esas respuestas tardarán en materializarse, y no todos los proyectos anunciados producirán material comercial cualificado en la fecha prevista.
La conclusión más sólida es, por tanto, más concreta que una predicción de precios permanentemente disparados: el InP se ha convertido en un riesgo relevante de suministro a corto plazo para las redes ópticas de IA. Las subidas comunicadas de aproximadamente el 76% al 78%, la posibilidad de nuevos incrementos superiores al 10%, las restricciones a la exportación y los planes de inversión de 120.000 millones de yenes apuntan a un mercado sometido a una fuerte presión.
La duración de esa tensión dependerá de dos variables: cuánto tiempo se mantenga el ritmo de construcción de centros de datos de IA y con qué rapidez llegue a los clientes nueva capacidad de InP que haya sido cualificada. Hasta que ambas fuerzas vuelvan a equilibrarse, el material que se encuentra bajo el láser seguirá siendo una de las limitaciones menos visibles —y más importantes— del crecimiento de las redes para inteligencia artificial.
Estas cifras deben interpretarse con cautela. Son referencias de mercado divulgadas por fuentes del sector, no una cotización única y transparente ni un precio contractual aplicable a todos los compradores. El importe puede variar según el tamaño, el grado, la calidad de la oblea, el proveedor y las condiciones del pedido. Aun así, la dirección y la magnitud de las subidas son compatibles con un mercado en el que los compradores compiten por una oferta limitada.
La reacción bursátil ofrece otra señal, aunque menos concluyente. Un índice relacionado con el InP, que sigue a más de 20 empresas cotizadas en la China continental, ganó un 4,2% en una sesión. El movimiento sugiere que los inversores están reevaluando el poder de fijación de precios y el potencial de beneficios de los proveedores, pero por sí solo no demuestra que el precio de las obleas vaya a seguir subiendo.
Los centros de datos de IA mueven enormes volúmenes de información entre procesadores, memoria, conmutadores y almacenamiento. Cuando las conexiones eléctricas se enfrentan a límites de velocidad, distancia y consumo energético, los enlaces ópticos se vuelven cada vez más importantes para transportar datos entre racks y sistemas.
Los láseres basados en InP forman parte de la cadena de componentes que hace posibles esas conexiones. Por eso, el crecimiento de los clústeres de IA no solo aumenta la demanda de GPU y equipos de red: también impulsa la de sustratos, obleas epitaxiales, láseres y transceptores ópticos. Reuters informó de que las restricciones chinas a las exportaciones de InP se han convertido en un obstáculo importante para las empresas que desarrollan componentes ópticos rápidos y eficientes para centros de datos de IA.
Se trata de una demanda indirecta. Un pedido de servidores no consume una oblea de InP por sí mismo, pero sí pueden hacerlo los módulos ópticos necesarios para conectar esos servidores. Si la instalación de centros de datos avanza más rápido que la fabricación de componentes ópticos, la disponibilidad de sustratos se convierte en un límite en un punto posterior de la cadena.
Aumentar rápidamente la producción de InP no es sencillo. Los fabricantes deben cultivar cristales de gran calidad, procesarlos para convertirlos en obleas y certificar el material para aplicaciones ópticas exigentes. Las nuevas plantas necesitan además equipos especializados, validación de procesos y la aprobación de los clientes antes de que su producción pueda sustituir de forma fiable a la oferta ya establecida.
Por eso, el mercado responde más despacio que el de una materia prima convencional. Una subida de precios puede incentivar nuevas inversiones, pero no genera obleas cualificadas de inmediato. Las licencias de exportación chinas añaden otra capa de riesgo al hacer menos previsible la oferta disponible fuera de China. Según Reuters, el precio medio de una oblea de InP de seis pulgadas aumentó un 250%, hasta 5.000 dólares, desde la introducción de las restricciones.
La combinación de producción concentrada, largos ciclos de certificación y controles a la exportación da a los proveedores existentes una capacidad de negociación inusual. También significa que una escasez puede afectar a los fabricantes de dispositivos ópticos aunque el material represente solo una parte del coste total de un sistema de redes para IA.
Informes del sector señalan que los precios de los sustratos de InP ya habían aumentado tres veces desde el trimestre de octubre a diciembre de 2025. Los proveedores estarían estudiando una nueva subida superior al 10% para el trimestre de octubre a diciembre de 2026. Las obleas epitaxiales —que incorporan una capa semiconductora sobre el sustrato— también habrían registrado varios incrementos.
Una cuarta subida sería relevante porque apuntaría a un problema persistente, no a un reajuste puntual. La secuencia divulgada sugiere que la demanda sigue superando la capacidad cualificada disponible a corto plazo, mientras que el posible tamaño del próximo incremento indica que a los compradores les resulta cada vez más difícil asegurarse el suministro.
Eso no garantiza que los precios vayan a subir indefinidamente. Los pedidos de infraestructura de IA podrían ralentizarse, los clientes podrían rediseñar sus sistemas o nuevos proveedores podrían poner capacidad en funcionamiento. Pero hasta que alguno de esos factores cambie de forma sustancial el equilibrio entre oferta y demanda, la presión inmediata seguirá siendo alcista y volátil.
JX Advanced Metals ha anunciado una inversión de hasta 120.000 millones de yenes durante cuatro años para reforzar su capacidad de producción de sustratos de InP destinados a las comunicaciones ópticas. El plan contempla ampliar la capacidad más allá de su actual planta de Isohara e incorporar instalaciones en la zona de Hitachinaka.
La prensa especializada describe el programa más amplio como un objetivo de producción de entre siete y diez veces el nivel del ejercicio fiscal 2025 para el ejercicio fiscal 2030. JX también está negociando revisiones de precios con sus clientes mientras trata de establecer un marco de suministro más estable.
La respuesta de la compañía es importante por dos motivos. Primero, confirma que los proveedores consideran que las comunicaciones ópticas para centros de datos representan una oportunidad suficientemente grande como para justificar inversiones de esta magnitud. Segundo, el calendario muestra por qué la nueva capacidad no resolverá de inmediato la tensión: la ampliación se desarrollará durante varios años, mientras que los pedidos de centros de datos se están realizando ahora.
Algunos informes también han planteado la posibilidad de que JX busque precios entre dos y tres veces superiores debido a que las consultas de clientes superan la expansión prevista. Ese múltiplo concreto no debe presentarse como un precio anunciado para toda la compañía. El comunicado oficial de JX respalda el plan de inversión, mientras que los informes sectoriales suministrados respaldan la existencia de conversaciones sobre revisiones de precios, no una subida confirmada de entre dos y tres veces.
El riesgo inmediato no es necesariamente que los centros de datos de IA dejen de funcionar. El problema es que el despliegue de redes ópticas densas y de alta velocidad puede encarecerse, sufrir retrasos o depender aún más de un grupo reducido de proveedores cualificados.
Para los grandes operadores de la nube y los fabricantes de equipos, la presión puede aparecer en varios frentes:
Los controles chinos intensifican el riesgo de concentración, mientras que las inversiones previstas en Japón y otros lugares apuntan a una diversificación gradual de la oferta.
Los precios elevados ofrecen a los proveedores un incentivo para ampliar sus plantas, a los clientes una razón para firmar acuerdos de suministro a más largo plazo y al sector un motivo para buscar materiales alternativos o diseños ópticos más eficientes. Sin embargo, esas respuestas tardarán en materializarse, y no todos los proyectos anunciados producirán material comercial cualificado en la fecha prevista.
La conclusión más sólida es, por tanto, más concreta que una predicción de precios permanentemente disparados: el InP se ha convertido en un riesgo relevante de suministro a corto plazo para las redes ópticas de IA. Las subidas comunicadas de aproximadamente el 76% al 78%, la posibilidad de nuevos incrementos superiores al 10%, las restricciones a la exportación y los planes de inversión de 120.000 millones de yenes apuntan a un mercado sometido a una fuerte presión.
La duración de esa tensión dependerá de dos variables: cuánto tiempo se mantenga el ritmo de construcción de centros de datos de IA y con qué rapidez llegue a los clientes nueva capacidad de InP que haya sido cualificada. Hasta que ambas fuerzas vuelvan a equilibrarse, el material que se encuentra bajo el láser seguirá siendo una de las limitaciones menos visibles —y más importantes— del crecimiento de las redes para inteligencia artificial.