Rusia aún puede financiar la guerra, pero a un coste creciente: el gasto militar llegó a 10,7 billones de rublos en el primer semestre de 2026 y el déficit federal alcanzó 6,45 billones en julio. La parte líquida del Fondo Nacional de Bienestar se ha reducido, por lo que la emisión de deuda interna y el respaldo de...
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: How is Russia’s war economy being squeezed in 2026 by military spending rising 30% to 10.7 trillion rubles in the first half—despite plans t. Article summary: Russia is being squeezed less by an immediate inability to fund the war than by a worsening trade-off: Moscow is protecting military production and the war effort while its most flexible fiscal buffers, energy revenues, . Topic tags: general, general web, user generated, news. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermarks, charts w
Rusia no parece estar ante una incapacidad inmediata para pagar su esfuerzo bélico. El problema es otro: sostener un gasto militar excepcionalmente elevado requiere cada vez más deuda interna y deja menos margen para el resto de la economía. Moscú conserva herramientas poderosas —bancos controlados por el Estado, emisión de deuda doméstica y un sistema financiero muy centralizado—, pero financiar la guerra se está volviendo más caro y menos flexible.
El gasto militar ruso alcanzó 10,7 billones de rublos durante el primer semestre de 2026, un 30 % más que un año antes y equivalente al 4,7 % del PIB anual previsto. Si se mantuviera ese ritmo, el gasto vinculado a la guerra podría superar el 9 % del PIB en el conjunto del año. 4
8
Al mismo tiempo, el déficit del presupuesto federal se amplió hasta 6,45 billones de rublos, el 2,8 % del PIB, en julio. Los contratos estatales —incluidos los pedidos de defensa— aumentaron casi un 40 % interanual en los primeros siete meses y sumaron 8,44 billones de rublos. 14
Esa combinación define la presión fiscal: los encargos militares sostienen la actividad de la industria de armamento y de sectores asociados, pero comprometen recursos presupuestarios a un ritmo superior al de los ingresos. La decisión ya no es únicamente cuánto destinar a la guerra, sino qué áreas no militares absorben el ajuste.
En años anteriores, Rusia utilizó el Fondo Nacional de Bienestar para cubrir parte de los desequilibrios presupuestarios. Ahora esa vía es más limitada. Los análisis citados sitúan los activos líquidos del fondo en torno al 1,6 % del PIB, lo que reduce su función como colchón ante una caída prolongada de ingresos. 4
Con una reserva líquida menor, cambia la composición de la financiación: el Gobierno debe apoyarse más en el endeudamiento interno, los saldos del Tesoro y las entidades financieras bajo influencia estatal. En los primeros siete meses de 2026, Rusia captó 2,3 billones de rublos mediante el mercado doméstico de bonos OFZ, las obligaciones federales rusas. 14
Endeudarse sigue siendo posible, pero no sale gratis. The Moscow Times informó de que el aumento de los costes de financiación dificultaba las subastas convencionales de bonos y que el Gobierno recurría a bancos estatales para ayudar a cubrir el creciente déficit de guerra. 11
El petróleo y el gas siguen siendo esenciales para las cuentas federales, de modo que una menor renta energética agrava el problema del gasto. Los datos sobre el déficit señalan que los ingresos petroleros y gasistas cayeron un 17 % en los primeros siete meses, mientras el gasto avanzaba más deprisa que la recaudación. 2
Los ataques ucranianos contra infraestructura petrolera han añadido además un problema operativo. El 28 de junio, Vladímir Putin reconoció dificultades de suministro y escasez de combustible en regiones rusas; dijo que un grupo de trabajo trataba de asegurar el abastecimiento y que era necesario limitar el impacto de los ataques con drones contra instalaciones petroleras. 18
Estas disrupciones no determinan por sí solas la capacidad rusa de financiar la guerra. Su importancia radica en que se suman a una situación fiscal ya exigente: los daños a la infraestructura energética pueden requerir reparaciones y medidas de emergencia de suministro cuando los ingresos presupuestarios ya están bajo presión.
La evidencia disponible apunta a una priorización, no a un repliegue inminente del gasto bélico. La contratación de defensa y la producción militar están estratégicamente protegidas; por ello, es más probable que la presión se traslade a partidas menos blindadas, a más endeudamiento interno y a otras formas de aumentar los ingresos públicos.
Hay indicios de esa jerarquía en las medidas de austeridad reportadas. El Critical Threats Project, citando a Bloomberg, indicó que las autoridades aplicaron en abril de 2026 recortes al gasto ajeno al esfuerzo de guerra e instruyeron a las agencias federales para preparar reducciones de plantilla. 31
Por eso, la aparente resiliencia de algunos indicadores económicos puede inducir a error. Una economía de guerra puede mantener ocupadas las fábricas y preservar empleos seleccionados mientras pierde flexibilidad fiscal. La cuestión no es si el Estado puede dirigir recursos a sus prioridades militares hoy, sino el coste de oportunidad cada vez mayor de hacerlo.
El Kremlin ha intentado presentar las consecuencias económicas como manejables. Putin describió los ataques ucranianos a infraestructuras como un intento de desestabilizar a la sociedad rusa y, por separado, reconoció que los ataques recíprocos habían causado daños económicos. 19
20
La destitución de Andrei Klepach, economista jefe del banco estatal de desarrollo VEB, también puso de relieve el escaso espacio para la crítica pública desde posiciones relevantes. Klepach fue apartado después de que se difundieran sus advertencias sobre las consecuencias económicas de una guerra prolongada; VEB confirmó que ya no ocupaba el cargo, sin explicar públicamente el motivo. 17
25
La principal limitación de Rusia debe entenderse como un deterioro de la calidad de su financiación, no como una incapacidad inminente para costear la guerra. Las señales más relevantes serán:
El sistema financiero centralizado de Rusia le permite sostener déficits elevados durante más tiempo que a un prestatario típico de mercado. Pero la tendencia es clara: la guerra se financia con menos reservas, más deuda y una presión creciente sobre la economía no militar. 4
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Rusia aún puede financiar la guerra, pero a un coste creciente: el gasto militar llegó a 10,7 billones de rublos en el primer semestre de 2026 y el déficit federal alcanzó 6,45 billones en julio.
Rusia aún puede financiar la guerra, pero a un coste creciente: el gasto militar llegó a 10,7 billones de rublos en el primer semestre de 2026 y el déficit federal alcanzó 6,45 billones en julio. La parte líquida del Fondo Nacional de Bienestar se ha reducido, por lo que la emisión de deuda interna y el respaldo de bancos estatales ganan peso.
Las alteraciones del suministro de combustible vinculadas a ataques ucranianos añaden presión operativa: Vladímir Putin reconoció escasez en regiones rusas y la creación de un grupo de trabajo.
Rusia aún puede financiar la guerra, pero a un coste creciente: el gasto militar llegó a 10,7 billones de rublos en el primer semestre de 2026 y el déficit federal alcanzó 6,45 billones en julio. La parte líquida del Fondo Nacional de Bienestar se ha reducido, por lo que la emisión de deuda interna y el respaldo de...
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Rusia no parece estar ante una incapacidad inmediata para pagar su esfuerzo bélico. El problema es otro: sostener un gasto militar excepcionalmente elevado requiere cada vez más deuda interna y deja menos margen para el resto de la economía. Moscú conserva herramientas poderosas —bancos controlados por el Estado, emisión de deuda doméstica y un sistema financiero muy centralizado—, pero financiar la guerra se está volviendo más caro y menos flexible.
El gasto militar ruso alcanzó 10,7 billones de rublos durante el primer semestre de 2026, un 30 % más que un año antes y equivalente al 4,7 % del PIB anual previsto. Si se mantuviera ese ritmo, el gasto vinculado a la guerra podría superar el 9 % del PIB en el conjunto del año. 4
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Al mismo tiempo, el déficit del presupuesto federal se amplió hasta 6,45 billones de rublos, el 2,8 % del PIB, en julio. Los contratos estatales —incluidos los pedidos de defensa— aumentaron casi un 40 % interanual en los primeros siete meses y sumaron 8,44 billones de rublos. 14
Esa combinación define la presión fiscal: los encargos militares sostienen la actividad de la industria de armamento y de sectores asociados, pero comprometen recursos presupuestarios a un ritmo superior al de los ingresos. La decisión ya no es únicamente cuánto destinar a la guerra, sino qué áreas no militares absorben el ajuste.
En años anteriores, Rusia utilizó el Fondo Nacional de Bienestar para cubrir parte de los desequilibrios presupuestarios. Ahora esa vía es más limitada. Los análisis citados sitúan los activos líquidos del fondo en torno al 1,6 % del PIB, lo que reduce su función como colchón ante una caída prolongada de ingresos. 4
Con una reserva líquida menor, cambia la composición de la financiación: el Gobierno debe apoyarse más en el endeudamiento interno, los saldos del Tesoro y las entidades financieras bajo influencia estatal. En los primeros siete meses de 2026, Rusia captó 2,3 billones de rublos mediante el mercado doméstico de bonos OFZ, las obligaciones federales rusas. 14
Endeudarse sigue siendo posible, pero no sale gratis. The Moscow Times informó de que el aumento de los costes de financiación dificultaba las subastas convencionales de bonos y que el Gobierno recurría a bancos estatales para ayudar a cubrir el creciente déficit de guerra. 11
El petróleo y el gas siguen siendo esenciales para las cuentas federales, de modo que una menor renta energética agrava el problema del gasto. Los datos sobre el déficit señalan que los ingresos petroleros y gasistas cayeron un 17 % en los primeros siete meses, mientras el gasto avanzaba más deprisa que la recaudación. 2
Los ataques ucranianos contra infraestructura petrolera han añadido además un problema operativo. El 28 de junio, Vladímir Putin reconoció dificultades de suministro y escasez de combustible en regiones rusas; dijo que un grupo de trabajo trataba de asegurar el abastecimiento y que era necesario limitar el impacto de los ataques con drones contra instalaciones petroleras. 18
Estas disrupciones no determinan por sí solas la capacidad rusa de financiar la guerra. Su importancia radica en que se suman a una situación fiscal ya exigente: los daños a la infraestructura energética pueden requerir reparaciones y medidas de emergencia de suministro cuando los ingresos presupuestarios ya están bajo presión.
La evidencia disponible apunta a una priorización, no a un repliegue inminente del gasto bélico. La contratación de defensa y la producción militar están estratégicamente protegidas; por ello, es más probable que la presión se traslade a partidas menos blindadas, a más endeudamiento interno y a otras formas de aumentar los ingresos públicos.
Hay indicios de esa jerarquía en las medidas de austeridad reportadas. El Critical Threats Project, citando a Bloomberg, indicó que las autoridades aplicaron en abril de 2026 recortes al gasto ajeno al esfuerzo de guerra e instruyeron a las agencias federales para preparar reducciones de plantilla. 31
Por eso, la aparente resiliencia de algunos indicadores económicos puede inducir a error. Una economía de guerra puede mantener ocupadas las fábricas y preservar empleos seleccionados mientras pierde flexibilidad fiscal. La cuestión no es si el Estado puede dirigir recursos a sus prioridades militares hoy, sino el coste de oportunidad cada vez mayor de hacerlo.
El Kremlin ha intentado presentar las consecuencias económicas como manejables. Putin describió los ataques ucranianos a infraestructuras como un intento de desestabilizar a la sociedad rusa y, por separado, reconoció que los ataques recíprocos habían causado daños económicos. 19
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La destitución de Andrei Klepach, economista jefe del banco estatal de desarrollo VEB, también puso de relieve el escaso espacio para la crítica pública desde posiciones relevantes. Klepach fue apartado después de que se difundieran sus advertencias sobre las consecuencias económicas de una guerra prolongada; VEB confirmó que ya no ocupaba el cargo, sin explicar públicamente el motivo. 17
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La principal limitación de Rusia debe entenderse como un deterioro de la calidad de su financiación, no como una incapacidad inminente para costear la guerra. Las señales más relevantes serán:
El sistema financiero centralizado de Rusia le permite sostener déficits elevados durante más tiempo que a un prestatario típico de mercado. Pero la tendencia es clara: la guerra se financia con menos reservas, más deuda y una presión creciente sobre la economía no militar. 4
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Rusia aún puede financiar la guerra, pero a un coste creciente: el gasto militar llegó a 10,7 billones de rublos en el primer semestre de 2026 y el déficit federal alcanzó 6,45 billones en julio.
Rusia aún puede financiar la guerra, pero a un coste creciente: el gasto militar llegó a 10,7 billones de rublos en el primer semestre de 2026 y el déficit federal alcanzó 6,45 billones en julio. La parte líquida del Fondo Nacional de Bienestar se ha reducido, por lo que la emisión de deuda interna y el respaldo de bancos estatales ganan peso.
Las alteraciones del suministro de combustible vinculadas a ataques ucranianos añaden presión operativa: Vladímir Putin reconoció escasez en regiones rusas y la creación de un grupo de trabajo.