Algunos analistas creen que parte del dinero usado para intervenir podría provenir de ventas de bonos del Tesoro estadounidense. Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda pública de Estados Unidos, con unos 1,06 billones de dólares en Treasuries según datos recientes.
En teoría, vender esos bonos generaría dólares que Tokio podría usar inmediatamente para comprar yenes. Pero el movimiento tiene un riesgo importante.
Si Japón vende grandes cantidades de Treasuries:
Ese aumento de rendimientos hace que los activos en dólares sean más atractivos que los activos en yenes. El resultado puede ser más entrada de capital hacia Estados Unidos, fortaleciendo nuevamente al dólar.
En otras palabras, la venta masiva de bonos podría terminar reforzando el dólar, anulando parte del efecto de la intervención destinada a fortalecer el yen. Por eso economistas y responsables políticos advierten que depender demasiado de esa estrategia podría ser contraproducente.
Para evitar ese problema, Japón normalmente intenta financiar las intervenciones primero con reservas líquidas, como depósitos en dólares u otros activos de corto plazo, en lugar de vender inmediatamente bonos.
Esto permite:
Sin embargo, estas reservas líquidas no son infinitas. Si las intervenciones se prolongan, el gobierno podría verse obligado a vender activos financieros para reponer efectivo, lo que aumentaría el impacto en los mercados globales.
La presión más importante sobre el yen no es la especulación puntual, sino la diferencia de tasas de interés entre Estados Unidos y Japón.
Cuando las tasas estadounidenses son mucho más altas, los inversionistas pueden:
Esta estrategia se conoce como carry trade. Para ejecutarla, los inversores venden yenes y compran dólares, lo que tiende a debilitar la moneda japonesa con el tiempo.
Por eso, las intervenciones cambiarias por sí solas rara vez cambian la tendencia de largo plazo mientras la brecha de tasas siga siendo amplia.
El nivel cercano a 160 yenes por dólar se ha convertido en un punto psicológico importante para el mercado.
Cuando el tipo de cambio se aproxima a esa zona, muchos operadores consideran que aumenta la probabilidad de intervención del gobierno. En el pasado, movimientos hacia ese nivel han sido seguidos por acciones oficiales para frenar la volatilidad.
Aun así, Tokio suele enfatizar que su objetivo no es defender un número exacto, sino evitar movimientos rápidos o especulativos que puedan desestabilizar la economía.
La estrategia de Japón tiene implicaciones que van mucho más allá del mercado de divisas.
Debido al tamaño de sus reservas y a su posición como uno de los mayores tenedores de deuda estadounidense, las decisiones de Tokio pueden influir en:
En resumen, Japón tiene recursos financieros enormes para defender su moneda. El desafío es que las fuerzas que debilitan al yen —especialmente la diferencia de tasas con Estados Unidos— son mucho más difíciles de cambiar que el propio tipo de cambio.
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