El encarecimiento de la energía tiene varios efectos inmediatos:
Instituciones financieras advierten que una interrupción prolongada elevaría los precios del petróleo y del gas en todo el mundo, amplificando las presiones inflacionarias en múltiples sectores.
Uno de los efectos más importantes —aunque menos evidentes— de la crisis está ocurriendo en el mercado mundial de fertilizantes.
Una gran parte de las exportaciones globales de fertilizantes proviene de países del Golfo y normalmente atraviesa el Estrecho de Ormuz. Analistas estiman que alrededor de un tercio del comercio mundial de fertilizantes pasa por este corredor.
Con el transporte marítimo interrumpido:
Algunas estimaciones indican que hasta el 35% del suministro marítimo mundial de urea y fosfatos podría verse afectado por la crisis.
Emiratos Árabes Unidos ha advertido que el mercado ya está bajo fuerte presión, señalando que los fertilizantes nitrogenados han subido hasta un 80% en medio de las tensiones.
El aumento de los fertilizantes es crucial porque estos productos son uno de los principales insumos de la producción agrícola mundial.
Los fertilizantes nitrogenados, por ejemplo, dependen en gran medida del gas natural para su producción y son esenciales para mantener los rendimientos de los cultivos. Cuando sube el precio de la energía o se reduce la oferta de fertilizantes, los costos agrícolas aumentan y, con el tiempo, también lo hacen los precios de los alimentos.
Citi Research advierte que los mercados agrícolas enfrentan fuertes presiones alcistas en los próximos 6 a 12 meses, con riesgos “claramente inclinados al alza”. El aumento de los costos energéticos y la escasez de fertilizantes son dos de los principales factores de transmisión hacia la inflación alimentaria.
De hecho, algunos indicadores muestran que los precios de productos agrícolas ya habían comenzado a subir a principios de 2026, lo que sugiere que el shock de suministro ya se está reflejando en los mercados.
Analistas de Citi señalan otro factor que podría empeorar la situación: la posible coincidencia de la crisis del Estrecho de Ormuz con un fuerte episodio de El Niño.
Si eventos climáticos extremos reducen las cosechas al mismo tiempo que los fertilizantes escasean y la energía se encarece, el mundo podría enfrentarse a un doble shock simultáneo en los mercados de alimentos y energía.
Ese escenario podría impulsar los precios globales de los alimentos de forma significativa durante el próximo año.
Más allá de las materias primas, gobiernos y analistas advierten sobre efectos macroeconómicos más amplios.
Emiratos Árabes Unidos ha señalado en foros internacionales que las tensiones en el estrecho están generando volatilidad “sin precedentes” en los mercados, debido al aumento de los costos de transporte, primas de seguros y la alteración de rutas comerciales.
El resultado potencial recuerda a crisis energéticas anteriores:
Según previsiones del Banco Mundial, la crisis podría elevar los precios globales de las materias primas alrededor de un 16% en 2026, manteniéndolos muy por encima de las previsiones iniciales para el año.
Lo que hace particularmente relevante esta crisis es la rapidez con la que se ha extendido por distintos sectores de la economía global.
El impacto comenzó en los mercados energéticos, pero rápidamente se trasladó a las cadenas de suministro de fertilizantes, a los insumos agrícolas y, potencialmente, a los precios de los alimentos. Los economistas describen este tipo de dinámica como una presión estanflacionaria: precios más altos combinados con menor crecimiento económico.
La magnitud final del impacto dependerá en gran medida de cuánto tiempo continúe la interrupción del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz. Hasta que el flujo comercial vuelva a la normalidad, los mercados seguirán siendo especialmente sensibles a cualquier nueva escalada en uno de los corredores comerciales más estratégicos del mundo.