Las normas sobre transporte e industria han reducido parte de las emisiones de PM2,5 en Europa y Norteamérica, pero la exposición al PM2,5 procedente de incendios ha aumentado.[22] El PM2,5 del humo se asocia con más ingresos hospitalarios respiratorios y mayor mortalidad; su composición puede hacerlo más tóxico que...
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Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: How is climate change—through more frequent and intense heatwaves and wildfires—undermining global air-quality gains despite reduced industr. Article summary: Climate change is increasingly offsetting air-quality progress from cleaner industry and transport: hotter, drier conditions raise wildfire risk, while heat and sunlight accelerate the chemistry that forms ground-level o. Topic tags: general, government, general web, education, academic. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermark
Las fábricas, los sistemas eléctricos y los vehículos más limpios reducen la contaminación habitual. Sin embargo, el calentamiento, las olas de calor y los incendios forestales están creando una fuente de contaminación mucho más difícil de controlar: el humo. Sus partículas finas pueden cruzar regiones e incluso océanos, mientras el calor y la luz solar favorecen la formación de ozono nocivo cerca de la superficie. Así, la reducción de emisiones locales no garantiza por sí sola un aire limpio de forma constante.22
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Los incendios liberan grandes cantidades de partículas finas, conocidas como PM2,5, y gases precursores del ozono. El PM2,5 —partículas de 2,5 micrómetros o menos— puede penetrar profundamente en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo.51
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El calor agrava el problema por dos vías: seca la vegetación y favorece condiciones propicias para el fuego; además, acelera las reacciones químicas que producen ozono. No se trata de la capa de ozono protectora de la atmósfera alta, sino del ozono a nivel del suelo, un contaminante. Los incendios aportan sus precursores y el ozono puede formarse a sotavento, lejos del foco.52
El humo tampoco se queda donde arde el bosque. En 2025, Copernicus siguió penachos procedentes de incendios de Canadá a través del Atlántico Norte: llegaron al sur de Europa, el Mediterráneo, las Azores y el noroeste europeo.17 Una ciudad puede sufrir, por tanto, un episodio grave de humo aun cuando sus propias emisiones estén bajando.
La evidencia más sólida se concentra en la salud respiratoria. Una revisión sistemática con metaanálisis relacionó el PM2,5 específico de incendios con un aumento de la mortalidad por todas las causas el mismo día, de los ingresos hospitalarios respiratorios y de las visitas a urgencias por causas respiratorias. Revisiones previas también hallaron evidencia consistente de agravamiento del asma y de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), además de evidencia creciente sobre infecciones respiratorias y mortalidad.34
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Las principales implicaciones son estas:
Las estimaciones de mortalidad deben interpretarse con prudencia, porque los métodos, las estimaciones de exposición y los periodos analizados difieren. Aun así, un estudio de 2026 calculó que el PM2,5 del humo de incendios se asoció con unas 24.100 muertes anuales por todas las causas en los Estados Unidos continentales. No es una cifra global, sino una estimación para un país y un diseño de estudio concretos, pero ilustra la magnitud potencial de la carga sanitaria.33
Hablar de humo suele llevar la atención al material particulado, pero los incendios también importan por el ozono. El ozono a nivel del suelo irrita y perjudica el sistema respiratorio, y la exposición a este contaminante se ha vinculado con enfermedades y mortalidad respiratoria y cardiovascular.
La investigación que aísla específicamente el ozono relacionado con incendios es más reciente y menos desarrollada que la dedicada al PM2,5. Por ello, su carga sanitaria atribuible con precisión al humo sigue siendo más incierta.38 Esa incertidumbre no elimina el riesgo: refuerza la necesidad de mejores mediciones y pronósticos en los periodos cálidos y con humo, cuando ambos contaminantes pueden coincidir.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que la exposición al PM2,5 vinculado a incendios ha aumentado, pese a que las regulaciones redujeron las emisiones industriales y del transporte en partes de Europa y Norteamérica.22
En 2025, la OMM identificó niveles de PM2,5 por encima de la media de largo plazo en el norte de Canadá, zonas de la Federación de Rusia y África centro-occidental, asociados a una mayor actividad de incendios. El noroeste de España también se convirtió en un foco de contaminación tras incendios excepcionales a finales del verano.22
El verano europeo de 2025 dejó impactos generalizados sobre la calidad del aire, especialmente en el suroeste y el sureste. Copernicus informó de grandes incendios en Grecia, Türkiye y Chipre a finales de junio y comienzos de julio, seguidos por una rápida escalada de los incendios en Portugal y el noroeste de España en agosto.18
La siguiente temporada siguió siendo grave. El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea contabilizaba 650.458 hectáreas quemadas en la UE entre el 1 de enero y el 6 de septiembre de 2026, en 1.940 incendios detectados. Es una estimación acumulada y provisional, no el cierre anual definitivo: estaba por debajo del dato registrado a la misma fecha de 2025, pero por encima de la media de 20 años para ese momento de la temporada.2
La lluvia anual, por sí sola, no determina el peligro de incendios. Durante un episodio concreto, lo decisivo es si el suelo y la vegetación se secan bajo condiciones de altas temperaturas, baja humedad y viento.
Un estudio sobre la excepcional temporada europea de incendios de 2025 identificó tendencias marcadas hacia veranos más secos y un déficit de presión de vapor inusualmente elevado, una medida de la demanda de secado de la atmósfera. El trabajo concluyó que este secado explica en gran medida que las condiciones cálidas, secas y ventosas favorables al fuego sean más frecuentes de lo esperable por variabilidad natural.19
Esto no significa que todas las regiones septentrionales o húmedas vayan a sufrir más incendios cada año. Las fuentes de ignición, la gestión del territorio, el estado del combustible, la extinción y la variabilidad meteorológica siguen siendo factores clave. Pero los bosques, las turberas y otros paisajes ricos en combustible pueden volverse muy inflamables durante sequías intensas: haber sido históricamente húmedo no es un escudo fiable frente a un episodio agudo de humo.
Las redes habituales de calidad del aire se centran en concentraciones de contaminantes como PM2,5 y ozono. Son mediciones imprescindibles, pero no revelan completamente de qué está compuesto el humo, cuál es su origen o cómo afecta al clima y a la salud.
La OMM destaca la insuficiencia de observaciones de carbono negro y de aerosoles emergentes como los microplásticos, además de la necesidad de reforzar la medición del PM2,5 y del ozono a nivel del suelo.50
Tres vacíos son especialmente relevantes:
Mejorar la vigilancia no es solo una mejora científica: permite emitir alertas públicas, tomar decisiones sanitarias y diseñar políticas de emisiones más precisas.
El planteamiento de la OMM es práctico: la contaminación atmosférica y el cambio climático comparten fuentes, química y consecuencias. El calor y la sequía favorecen el humo de los incendios; los incendios emiten partículas y gases; y ese humo perjudica la salud muy lejos del lugar donde se originó. A la vez, muchas medidas que reducen la contaminación de la combustión aportan beneficios sanitarios y ayudan a limitar el calentamiento.50
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Una respuesta coordinada debe unir la reducción de emisiones con pronósticos de condiciones favorables al fuego, predicción del humo, alertas de salud pública, opciones de aire interior más limpio durante episodios severos y mejores observaciones de la atmósfera. La coordinación entre países es indispensable porque el humo no reconoce fronteras.50
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El transporte y la industria más limpios siguen siendo esenciales. Pero la era de los grandes incendios obliga a ampliar qué significa una política de aire limpio: además de reducir la contaminación diaria, debe preparar a las comunidades frente a episodios de humo y ozono amplificados por el clima, que el control local de emisiones no puede evitar por sí solo.
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Las normas sobre transporte e industria han reducido parte de las emisiones de PM2,5 en Europa y Norteamérica, pero la exposición al PM2,5 procedente de incendios ha aumentado.[22]
Las normas sobre transporte e industria han reducido parte de las emisiones de PM2,5 en Europa y Norteamérica, pero la exposición al PM2,5 procedente de incendios ha aumentado.[22] El PM2,5 del humo se asocia con más ingresos hospitalarios respiratorios y mayor mortalidad; su composición puede hacerlo más tóxico que el material particulado urbano promedio.[34][39]
La OMM sostiene que la política climática, la calidad del aire, la prevención de incendios y la vigilancia atmosférica deben planificarse de forma conjunta.[50]