Al mismo tiempo, la compañía también está reorganizando su plantilla en torno a la IA. Unos 7.000 empleados han sido trasladados a funciones relacionadas con productos impulsados por inteligencia artificial, como agentes digitales y aplicaciones basadas en IA.
Este patrón refleja una tendencia creciente en el sector tecnológico: no se trata solo de equipos más pequeños, sino de menos puestos tradicionales y más roles especializados en IA.
La presión no se limita a las empresas tecnológicas. El sector financiero vive transformaciones similares a medida que los bancos adoptan herramientas de automatización para agilizar operaciones.
El consejero delegado de Standard Chartered, Bill Winters, afirmó que el banco reducirá determinados puestos a medida que amplíe el uso de inteligencia artificial, describiendo el proceso como "reducciones de funciones laborales en favor de las máquinas". El banco planea recortar más del 15 % de su personal de apoyo antes de 2030 como parte de su estrategia de automatización.
Sus declaraciones generaron polémica en Singapur después de referirse a los puestos afectados como “capital humano de menor valor”. La expresidenta Halimah Yacob calificó el comentario de “perturbador” y “denigrante”, y pidió a las empresas que traten a los trabajadores despedidos con respeto y humanidad.
La controversia subraya una preocupación creciente: a medida que la IA automatiza tareas rutinarias, la forma en que las empresas gestionan y comunican los despidos también tiene implicaciones sociales y políticas.
Frente a estos cambios, Singapur ha optado por una estrategia doble: impulsar la adopción de IA mientras invierte intensamente en la adaptación de su fuerza laboral.
El National AI Impact Programme (NAIIP) pretende ayudar a 10.000 empresas a adoptar inteligencia artificial y formar a 100.000 trabajadores para aplicar herramientas de IA en su trabajo durante los próximos tres años. El programa se basa en la estrategia nacional de IA del país y busca extender estas capacidades a sectores tan diversos como finanzas, derecho o pequeñas empresas.
El objetivo no es convertir a todos en ingenieros de aprendizaje automático. La idea es formar profesionales “bilingües en IA”: personas que combinen su experiencia en un sector con la capacidad de usar herramientas de inteligencia artificial para rediseñar procesos y aumentar la productividad.
Esta filosofía refleja una constante en la política económica de Singapur: adoptar nuevas tecnologías rápidamente mientras se ayuda a los trabajadores a desplazarse hacia empleos de mayor valor añadido.
Las autoridades también están intentando influir en cómo las empresas aplican la inteligencia artificial.
El viceprimer ministro Gan Kim Yong ha instado a bancos y entidades financieras a priorizar la formación y el rediseño de puestos de trabajo en lugar de centrarse únicamente en recortes de costes. Según señaló, la IA debería crear mejores empleos y oportunidades, no limitarse a reducir plantillas.
Este mensaje revela un dilema clave: aunque los gobiernos pueden financiar programas de formación, son las empresas las que deciden finalmente si los aumentos de productividad se traducen en nuevos roles o en menos trabajadores.
Muchos economistas señalan que el problema principal puede ser el ritmo. La inteligencia artificial puede automatizar tareas con rapidez, mientras que la recualificación laboral y el rediseño de puestos suelen llevar más tiempo.
Incluso programas de formación masivos no garantizan que los trabajadores desplazados encuentren rápidamente nuevos empleos. El resultado dependerá de varios factores:
Si las compañías utilizan la IA principalmente para eliminar capas de trabajo rutinario sin crear nuevas funciones, los programas de formación podrían quedarse atrás.
Singapur suele citarse como uno de los países que más activamente se prepara para el impacto económico de la inteligencia artificial. Su combinación de política nacional de IA, incentivos empresariales y formación a gran escala es una de las más ambiciosas de la región.
Sin embargo, la reciente ola de despidos también muestra una realidad global: las decisiones estratégicas de grandes corporaciones pueden transformar los mercados laborales locales más rápido de lo que reaccionan las políticas públicas.
Por ahora, el resultado más probable no es una historia simple de empleos que desaparecen o se salvan. Más bien, el mercado laboral de Singapur podría experimentar un cambio gradual: menos puestos basados en tareas rutinarias y más empleos centrados en gestionar, aplicar o desarrollar sistemas de inteligencia artificial.
La verdadera cuestión será si la recualificación logra avanzar tan rápido como la automatización.
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