La emisión mundial de deuda vinculada a la inteligencia artificial podría acercarse a los 570.000 millones de dólares en 2026. La primera emisión de Alphabet en dólares australianos recaudó 5.500 millones de dólares australianos y recibió órdenes por más de 18.000 millones.
Respuesta de investigación

Create a landscape editorial hero image for this Studio Global article: How has the record surge in AI-infrastructure borrowing by Alphabet, Amazon, Meta, Oracle, and other hyperscalers—nearly $223 billion in bon. Article summary: AI borrowing has become a meaningful marginal competitor for global long-duration capital—not a literal rival to sovereign bonds in outstanding size. The mechanism is heavy simultaneous supply: hyperscalers and governmen. Topic tags: general, news, general web, user generated. Style: premium digital editorial illustration, source-backed research mood, clean composition, high detail, modern web publication hero. Use reference image context only for broad subject, composition, and topical grounding; do not copy the exact image. Avoid: logos, brand marks, copyrighted characters, real person likenesses, fake screenshots, UI text, readable text, watermarks, charts w
La expansión de la inteligencia artificial está cambiando la forma en que las grandes tecnológicas financian su crecimiento. Empresas que antes costeaban buena parte de sus centros de datos y equipos con flujo de caja están recurriendo ahora al endeudamiento a una velocidad sin precedentes. Con ello, compiten por el capital de fondos de pensiones, aseguradoras y gestoras de activos que también compran deuda pública.
La escala ya es considerable. Alphabet, Amazon, Meta y Oracle emitieron unos 194.000 millones de dólares en bonos en 2026 hasta el 7 de julio, frente a aproximadamente 108.000 millones durante todo 2025, según un análisis de Reuters basado en datos de LSEG. Morgan Stanley prevé que la emisión mundial de deuda relacionada con la IA se acerque a los 570.000 millones de dólares en 2026. La estimación incluye a los grandes proveedores de servicios en la nube —los llamados hyperscalers—, compañías de centros de datos y otras partes de la cadena de suministro de la IA.
Esto convierte a la financiación de la IA en un competidor marginal relevante por el capital de largo plazo. La precisión es importante: la deuda de la IA no sustituye literalmente a los bonos soberanos ni demuestra que las emisiones de los grandes proveedores tecnológicos hayan provocado por sí solas la reciente caída de los precios de la deuda pública estadounidense.
El rendimiento de un bono refleja la compensación que exige el inversor por prestar su dinero. Cuando varios emisores de gran tamaño acuden al mercado al mismo tiempo, aumenta la cantidad de deuda que los inversores deben absorber. Para atraer suficiente demanda, las empresas pueden verse obligadas a ofrecer cupones más altos o diferenciales más amplios frente a la deuda pública.
El efecto de saturación funciona por dos vías relacionadas:
Reuters informó de que la deuda relacionada con la IA se acercaba al 15% de toda la emisión de bonos con grado de inversión en 2026. Para encontrar compradores adicionales y evitar saturar un único grupo de capital, los bancos también están buscando demanda fuera del mercado denominado en dólares. Por eso, los bonos corporativos de alta calidad pueden influir en el precio relativo de la deuda pública, sobre todo cuando los gobiernos también están emitiendo grandes volúmenes.
La cautela debe aplicarse a la causalidad. Los rendimientos de los bonos del Tesoro también dependen de las expectativas de inflación, los déficits fiscales, la oferta de deuda pública, el crecimiento económico, el riesgo geopolítico, las previsiones sobre los bancos centrales y la prima por plazo. Reuters ha advertido expresamente contra la idea de que el auge de la deuda vinculada a la IA sea la única explicación del estrés reciente en el mercado de bonos estadounidense.
No hay una cifra universalmente aceptada para definir la “deuda de la IA”. Las estimaciones utilizan distintas fechas de corte y pueden incluir solo los bonos de los grandes proveedores tecnológicos o también la financiación de centros de datos, el crédito privado, estructuras respaldadas por activos, proveedores y otras empresas relacionadas con el ecosistema.
Por eso, los totales publicados oscilan entre los aproximadamente 194.000 millones de dólares emitidos por cuatro grandes compañías hasta comienzos de julio y estimaciones superiores a 220.000 millones para un grupo más amplio de hyperscalers en fechas posteriores.
Goldman Sachs calcula que la emisión total de deuda relacionada con la IA alcanzará unos 489.000 millones de dólares en 2026, de los que aproximadamente el 40% habría sido emitido directamente por los grandes proveedores tecnológicos.
La necesidad de financiación subyacente es aún mayor. Morgan Stanley prevé un gasto de unos 3 billones de dólares en centros de datos y el hardware asociado hasta 2028, y calcula que aproximadamente la mitad podría proceder de mercados de crédito externos. Otra estimación publicada sitúa en unos 1,75 billones de dólares la parte que tendría que financiarse en los mercados de crédito, dentro de un desembolso total de 3,2 billones.
Son proyecciones, no cifras definitivas: dependen de cómo se defina tanto la infraestructura de IA como la financiación relacionada.
La internacionalización de este endeudamiento quedó patente con la primera emisión de Alphabet en dólares australianos. El 19 de agosto, la matriz de Google captó 5.500 millones de dólares australianos mediante bonos con vencimientos a tres, cinco, 10 y 20 años. Las órdenes de los inversores superaron los 18.000 millones de dólares australianos, más de tres veces el importe finalmente vendido.
El tramo más largo ofreció un rendimiento del 6,98%, justo por debajo del 7%. La operación fue descrita como la primera emisión en dólares australianos de un gran proveedor tecnológico de IA y como la mayor venta de bonos corporativos realizada hasta entonces en Australia.
La operación es relevante por dos motivos. Primero, demuestra que estas empresas no dependen exclusivamente de los inversores estadounidenses. Segundo, emitir en distintas monedas les permite acceder a nuevos grupos de compradores, aunque también añade riesgos de gestión de divisas y diferencias en la estructura y liquidez de cada mercado.
Alphabet ya tiene una presencia importante en los mercados de bonos corporativos denominados en euros, libras esterlinas, francos suizos y yenes. Amazon, por su parte, captó 14.500 millones de euros en marzo mediante una operación dividida en ocho tramos, que fue descrita como la mayor emisión de la historia del mercado corporativo en euros. Las compañías están repartiendo sus necesidades de financiación entre distintas monedas y bases de inversores, en lugar de pedir a un solo mercado que absorba todo el coste de la expansión de la IA.
El aumento del endeudamiento tecnológico coincide con un momento en el que los gobiernos también necesitan captar importantes cantidades de financiación a largo plazo. Los costes reales de endeudamiento en las principales economías alcanzaron sus niveles más altos en más de una década mientras las empresas de IA y los gobiernos aumentaban sus emisiones. Reuters señaló que el rendimiento real del bono estadounidense a 30 años se situaba cerca de máximos de 18 años, alrededor del 3%.
El rendimiento nominal del bono del Tesoro estadounidense a 30 años también superó el 5,3%, su nivel más alto desde 2007, en un entorno marcado por la inflación, la presión fiscal, la incertidumbre geopolítica y una deuda nacional estadounidense cercana a los 40 billones de dólares.
La combinación complica el panorama para los mercados. Los inversores reciben más alternativas corporativas, pero al mismo tiempo exigen una mayor compensación por inmovilizar su dinero durante décadas. El resultado puede ser un aumento de los rendimientos tanto en el mercado corporativo como en el soberano, incluso cuando la demanda siga siendo sólida.
La relación debe entenderse como un factor adicional, no como una explicación excluyente. La deuda de la IA puede intensificar la competencia por el capital y reforzar la presión sobre la prima por plazo, mientras que la inflación, el endeudamiento público y los riesgos macroeconómicos pueden elevar por separado los rendimientos del Tesoro.
Los bonos de los grandes proveedores tecnológicos están atrayendo atención porque ofrecen rendimientos de aproximadamente entre el 4,75% y el 8%, según el emisor y el vencimiento. Muchos tienen grado de inversión y plazos largos, dos características que explican su atractivo para los inversores orientados a generar ingresos.
Pero el rendimiento que aparece en el titular no cuenta toda la historia.
Riesgo de duración. Una parte importante del rendimiento procede de bonos con vencimientos largos. Si los rendimientos del mercado suben, el precio de los bonos ya emitidos puede caer con fuerza. Un cupón elevado no elimina el riesgo de valoración de un título a 10 o 20 años.
Riesgo de crédito y de diferencial. La deuda de la matriz de Alphabet, Amazon o Meta no es equivalente a la deuda de un promotor de centros de datos, un fabricante de equipos, una empresa pequeña de IA o un vehículo creado específicamente para financiar un proyecto. Hay que analizar la prelación, las garantías, los activos que respaldan la deuda, los arrendamientos y la subordinación estructural, en lugar de confiar únicamente en la etiqueta de “bono de IA”.
Riesgo de ingresos vinculados a la IA. Buena parte del endeudamiento se produce antes de que estén plenamente demostrados los rendimientos a largo plazo de la infraestructura de IA. Una monetización más lenta, un aumento persistente del gasto de capital o unos márgenes más débiles en la nube y la IA podrían ampliar los diferenciales, incluso si el emisor conserva el grado de inversión.
Riesgo de absorción. Un libro de órdenes sólido no garantiza que el mercado vaya a absorber las futuras emisiones a los precios actuales. Analistas de Barclays han advertido de que el mercado de bonos con grado de inversión quizá no pueda acomodar todas las necesidades de financiación previstas de los grandes proveedores tecnológicos. A medida que aumente la oferta, los prestatarios podrían tener que ofrecer cupones más altos, recurrir al crédito privado, emitir acciones o utilizar estructuras de financiación más complejas.
Riesgo de divisa y liquidez. Un bono emitido en dólares australianos, euros u otra moneda expone al inversor a las fluctuaciones del tipo de cambio y a condiciones de liquidez diferentes. Una cobertura cambiaria puede reducir parte de esa exposición, pero añade sus propios costes y riesgos de ejecución.
El endeudamiento para financiar la IA se ha convertido en una nueva fuente de demanda de capital global y en una alternativa creíble a parte de la deuda pública para los inversores de largo plazo. La conclusión más sólida es más concreta que afirmar que “la IA provocó la caída del mercado de bonos”: el auge de la deuda está aumentando la cantidad de financiación que el mercado debe absorber, justo cuando los gobiernos también se endeudan con fuerza y los inversores reevalúan los riesgos de inflación y duración.
Para una cartera orientada a los ingresos, los bonos de los grandes proveedores tecnológicos deberían tratarse como una asignación diversificada de crédito, no como un sustituto de los bonos del Tesoro. Una estrategia disciplinada implica comparar el rendimiento con el vencimiento, evaluar la fortaleza del balance y la prelación de cada emisión, escalonar los plazos, gestionar la exposición cambiaria y evitar los rendimientos más altos salvo que se comprendan bien los riesgos adicionales de proyecto, liquidez, apalancamiento y estructura financiera.
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La emisión mundial de deuda vinculada a la inteligencia artificial podría acercarse a los 570.000 millones de dólares en 2026.
La emisión mundial de deuda vinculada a la inteligencia artificial podría acercarse a los 570.000 millones de dólares en 2026. La primera emisión de Alphabet en dólares australianos recaudó 5.500 millones de dólares australianos y recibió órdenes por más de 18.000 millones.
Los bonos de los grandes proveedores tecnológicos ofrecen rendimientos de aproximadamente entre el 4,75% y el 8%, según el emisor y el vencimiento, pero incorporan riesgos de duración, crédito, divisa, estructura fina...