Muchos de estos datos proceden de autoridades sanitarias de Gaza o de fuentes locales, por lo que la verificación independiente resulta difícil. Aun así, la tendencia constante al alza en distintos informes sugiere que la violencia letal continúa.
Otro indicio del deterioro del alto el fuego es la continuación de la campaña israelí contra altos mandos de Hamás.
En mayo de 2026, Israel confirmó que un ataque aéreo en Gaza mató a Ezzedine al‑Haddad, un comandante de alto rango y jefe del ala armada de Hamás en el territorio. El propio movimiento también confirmó su muerte.
Autoridades israelíes han presentado estos ataques como parte de su estrategia para desmantelar la estructura militar y el liderazgo del grupo. Sin embargo, la eliminación de figuras clave durante un alto el fuego refleja que las operaciones militares siguen activas paralelamente al proceso diplomático.
Los cambios en el mapa militar de Gaza también indican que la tregua se está debilitando.
En mayo de 2026, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que las fuerzas israelíes controlaban alrededor del 60% de la Franja de Gaza, una proporción mayor que la reportada anteriormente durante el conflicto.
Otros informes señalan que el ejército israelí ha ampliado zonas restringidas y áreas de control más allá de algunas líneas asociadas al marco original del alto el fuego.
Esto significa que, incluso con el acuerdo todavía formalmente vigente, la situación territorial sobre el terreno ha seguido cambiando.
Los esfuerzos diplomáticos para convertir la tregua en un acuerdo político duradero tampoco han avanzado.
El enviado internacional Nickolay Mladenov señaló meses después del acuerdo que el alto el fuego no había "cumplido las expectativas" ni de israelíes ni de palestinos. Las conversaciones se han estancado principalmente por la exigencia de que Hamás se desarme como parte de un marco político posterior a la guerra.
Entre las propuestas discutidas figuran programas de recompra de armas o permitir a un Hamás desmilitarizado desempeñar funciones limitadas de policía. Sin embargo, no ha surgido un consenso. Sin acuerdo sobre desarme y gobernanza, las negociaciones han tenido dificultades para avanzar más allá de la tregua inicial.
En conjunto, varios factores sugieren que el alto el fuego de octubre de 2025 ha pasado de ser una pausa real en los combates a un arreglo frágil que se deteriora con el tiempo:
El resultado es una situación en la que el alto el fuego aún existe sobre el papel, pero no ha detenido los combates, las víctimas ni los cambios territoriales sobre el terreno. Sin un acuerdo político más sólido —o un compromiso renovado de las partes para cumplir la tregua— el conflicto probablemente continuará en esta zona gris entre la guerra abierta y una paz real.
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