En este contexto, «afortunado» quiere decir que la escasez apareció cuando Sony ya no necesitaba perseguir el crecimiento del hardware con la misma intensidad. Vender menos consolas resulta menos perjudicial si la base existente sigue activa y continúa gastando en juegos, complementos, suscripciones y servicios.
La reacción de los jugadores, sin embargo, fue comprensiblemente negativa. Los consumidores han sufrido varias subidas de precio, así que describir una crisis de suministro como algo favorable puede sonar desconectado del problema de la accesibilidad. La lógica financiera de Sony y la experiencia del comprador no son necesariamente la misma.
La estrategia de Sony pone cada vez más énfasis en la rentabilidad, el valor de vida del cliente y los ingresos recurrentes. En su presentación sobre la división Game & Network Services, la empresa afirma que quiere aumentar los ingresos recurrentes y centrarse en la rentabilidad, en lugar de perseguir el crecimiento de usuarios activos mensuales a cualquier coste.
Ese enfoque puede incluir:
La métrica decisiva ya no es únicamente cuántas consolas vende Sony en un trimestre. También importa cuánto valor puede generar a partir de las personas que ya utilizan PlayStation. Los resultados del ejercicio fiscal 2025 indicaron que el descenso de las ventas de hardware de PS5 fue compensado por los servicios de red y el software de terceros, mientras las ventas de la división se mantuvieron prácticamente estables.
Esta estrategia también explica por qué Sony puede tolerar un ciclo de renovación más lento. Si los jugadores siguen usando PS5, la compañía puede continuar obteniendo ingresos de ellos sin tener que convencerlos inmediatamente de comprar una nueva consola.
Sony no ha seguido el patrón clásico de reducir progresivamente el precio de una consola a medida que envejece. En su lugar, ha elevado varias veces los precios recomendados, con motivos que han variado según el mercado. La compañía no ha atribuido formalmente todas esas subidas a la posterior escasez de memoria relacionada con la inteligencia artificial.
En agosto de 2022, Sony elevó los precios de PS5 en determinados mercados de Europa, Oriente Medio y África, Asia-Pacífico, Latinoamérica y Canadá. La empresa citó la inflación elevada y la evolución desfavorable de las divisas; Estados Unidos quedó inicialmente al margen. En Europa, la PS5 estándar pasó a costar 549,99 euros y la Digital Edition, 449,99 euros.
El 14 de abril de 2025, Sony subió el precio de PS5 Digital Edition a 499,99 euros en Europa y a 429,99 libras en Reino Unido. También aumentó los precios de algunos modelos en Australia y Nueva Zelanda. Sony aludió a un entorno económico difícil, marcado por la inflación y las fluctuaciones de los tipos de cambio. En ese anuncio, el modelo estándar con lector no subió de precio en Europa ni en Reino Unido.
Posteriormente, Sony incrementó en 50 dólares los precios recomendados en Estados Unidos:
La compañía explicó que la decisión respondía a un entorno económico complicado y a la incertidumbre comercial. Los accesorios no cambiaron de precio en ese anuncio.
Estas subidas explican por qué la crisis de memoria es tan sensible desde el punto de vista comercial. Aunque Sony haya citado la inflación, las divisas o los aranceles —y no específicamente la memoria—, el comprador percibe el resultado acumulado: una generación de consolas más cara. El actual encarecimiento de los componentes añade otra razón para que Sony proteja sus márgenes en lugar de subvencionar el hardware de forma agresiva.
La respuesta confirmada es limitada: Sony no ha anunciado ni la fecha de lanzamiento ni el precio de PS6. Totoki ha dicho que la empresa todavía no ha decidido cuándo pondrá la consola a la venta ni cuánto costará. Cualquier año concreto, incluido 2027, sigue siendo una expectativa de la industria y no un compromiso de Sony.
Sony también ha indicado que ha asegurado memoria suficiente para las ventas de hardware de PS5 que contempla en su planificación actual. Sus materiales financieros señalan que las ventas de hardware de PS5 en el ejercicio fiscal 2026 dependerán de la cantidad de memoria que pueda adquirir a precios razonables, mientras que la rentabilidad prevista del hardware se mantendría prácticamente en el mismo nivel que en el ejercicio fiscal 2025.
Para una PS5 ya consolidada, es un problema manejable. Para una consola nueva, es mucho más difícil: PS6 necesitaría suficiente memoria y otros componentes para ofrecer una mejora generacional apreciable y, al mismo tiempo, alcanzar un precio que los consumidores estén dispuestos a pagar.
Los siguientes escenarios se desprenden de la situación económica de Sony y de la incertidumbre actual. No son especificaciones ni decisiones anunciadas para PS6.
Sony podría retrasar PS6 hasta que el suministro de memoria sea más previsible o los costes bajen a un nivel compatible con sus márgenes. Lanzarla durante una etapa de escasez obligaría a elegir entre una disponibilidad limitada, un precio elevado o pérdidas considerables por unidad.
La estrategia tradicional de las consolas consiste en vender el hardware con poco margen —o temporalmente con pérdidas— y recuperar la inversión mediante juegos, suscripciones y comisiones de la plataforma. Sin embargo, el modelo orientado a los servicios reduce la necesidad de forzar una transición generacional rápida a cualquier precio.
Si Sony decide no subvencionar PS6 de forma agresiva, el precio inicial podría subir. Eso protegería la rentabilidad del hardware, pero ralentizaría la adopción y aumentaría la presión sobre el catálogo de lanzamiento.
El coste de los componentes podría influir en la cantidad de memoria, el almacenamiento, la refrigeración y la potencia de procesamiento. Sony podría apostar por un modelo básico más barato, separar las versiones estándar y premium o convertir el lector de discos en un accesorio opcional. Ninguno de esos diseños está confirmado; son ejemplos de los compromisos que un fabricante puede valorar cuando el coste de fabricación es incierto.
Una PS6 más cara tendría que ofrecer una ventaja claramente visible frente a PS5. Si las mejoras de rendimiento, los juegos o la comodidad no resultan suficientemente convincentes, muchos jugadores podrían permanecer más tiempo en la plataforma anterior, especialmente si los grandes lanzamientos siguen siendo compatibles con ambas generaciones.
Eso crea una tensión para Sony. Una PS6 cara puede mejorar el margen por unidad, pero reducir su público inicial y, con ello, la audiencia temprana de los nuevos juegos y suscripciones. Una consola más barata y fuertemente subvencionada podría acelerar la adopción, pero expondría a Sony a mayores pérdidas de hardware mientras los precios de la memoria y de otros componentes sigan siendo volátiles.
La escasez de memoria ha dejado al descubierto la transformación del negocio de PlayStation. Para una PS5 en la última etapa de su ciclo, la presión sobre el suministro es incómoda, pero asumible: Sony ya cuenta con una base amplia y comprometida. Para PS6, esa misma presión podría definir la ventana de lanzamiento, el precio de venta y el nivel de ambición del hardware.
El cálculo central de Sony está cambiando. La compañía puede obtener más ingresos de la generación de PS5 mejorando la monetización de sus usuarios actuales, en lugar de subvencionar una transición rápida hacia una nueva máquina. Eso hace comprensible el comentario «afortunado» de Totoki como argumento empresarial, pero también sugiere que la asequibilidad y una PS6 fuertemente subvencionada ya no deben darse por sentadas.