La razón es simple: la energía es un insumo básico para fertilizantes, transporte, industria y producción de alimentos. Por eso, una interrupción energética puede terminar influyendo en los precios de alimentos y en la estabilidad económica de muchos países.
Según la ETC, la crisis de Ormuz puso de manifiesto una vulnerabilidad estructural del sistema energético mundial: su fuerte dependencia de combustibles fósiles que deben transportarse a través de rutas geográficas muy concentradas.
La comisión argumenta que si los países aceleran tres transformaciones ya en marcha, la demanda global de petróleo podría caer significativamente en la próxima década:
• Electrificación del transporte y de parte de la industria
• Mejora de la eficiencia energética
• Expansión de la generación renovable y otras fuentes bajas en carbono
Combinadas, estas tendencias podrían reducir el consumo mundial de petróleo en una cantidad comparable al volumen que hoy atraviesa el Estrecho de Ormuz.
Eso no significa que todo el petróleo desaparezca del sistema energético para 2035. Más bien implica que la reducción de la demanda podría compensar ese volumen crítico del comercio global.
Cabe señalar que los detalles técnicos del modelo utilizado por la ETC —como la velocidad de adopción de vehículos eléctricos o el ritmo de expansión de las renovables— no aparecen completos en las fuentes disponibles aquí, por lo que las cifras exactas no pueden verificarse de forma independiente con esta evidencia.
Una de las conclusiones más repetidas tras la crisis es que los sistemas energéticos basados en renovables funcionan de manera muy distinta a los de combustibles fósiles.
El petróleo y el gas deben extraerse, transportarse por oleoductos o buques y comerciarse en mercados internacionales. Ese proceso crea puntos críticos —como el Estrecho de Ormuz— donde conflictos geopolíticos pueden interrumpir el suministro.
Las energías renovables, en cambio, dependen principalmente de recursos locales como el viento o el sol. Una vez construida la infraestructura —parques eólicos, plantas solares, redes eléctricas— la generación energética no depende de rutas comerciales internacionales de combustible.
Por eso algunos analistas describen a los sistemas de energía limpia como estructuralmente menos vulnerables a shocks geopolíticos.
La Comisión Europea también sostiene que las renovables fortalecen la seguridad energética porque reducen la dependencia de combustibles importados y aumentan la producción doméstica de energía.
El episodio de Ormuz mostró lo rápido que una interrupción energética puede propagarse por la economía mundial.
Además del aumento inmediato del precio del petróleo, las subidas en los costos energéticos afectan al transporte, a los fertilizantes y a múltiples cadenas industriales. Esto puede terminar elevando los precios de los alimentos y generando presión inflacionaria en muchos países.
Las economías en desarrollo son particularmente vulnerables, ya que suelen depender más de las importaciones de combustible y tienen menos reservas estratégicas o rutas alternativas de suministro.
Tras este tipo de crisis, algunos gobiernos reaccionan aumentando la producción de combustibles fósiles o construyendo nueva infraestructura petrolera o gasista. Pero varios analistas advierten que esas decisiones pueden consolidar la dependencia del sistema energético durante décadas.
En cambio, distintas organizaciones recomiendan priorizar medidas estructurales que reduzcan la exposición a mercados energéticos volátiles:
• Desplegar con rapidez energías renovables y tecnologías bajas en carbono
• Acelerar la electrificación del transporte, la calefacción y la industria
• Mejorar la eficiencia energética para reducir la demanda
• Estabilizar los mercados en el corto plazo mientras se reduce la dependencia de combustibles importados
Estas estrategias buscan disminuir la vulnerabilidad del sistema energético frente a crisis geopolíticas como la del Estrecho de Ormuz.
El Estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los puntos más sensibles del sistema energético mundial. Cuando una sola vía marítima por la que circula cerca del 20% del petróleo global se ve amenazada, el impacto se siente en toda la economía internacional.
Para la Energy Transitions Commission, la lección principal es que la seguridad energética futura no depende solo de proteger rutas marítimas o aumentar la producción de petróleo. También depende de reducir la dependencia de combustibles que deben atravesar esos cuellos de botella.
Si la electrificación, la eficiencia y las energías renovables continúan expandiéndose al ritmo que muchos analistas prevén, podrían desempeñar un papel clave para que el sistema energético global sea menos vulnerable a crisis geopolíticas en las próximas décadas.
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