El regulador de aviación ruso tomó la medida para evitar que aviones comerciales atravesaran zonas donde los sistemas de defensa estaban interceptando drones o donde podían caer restos.
Este tipo de interrupciones se ha vuelto cada vez más frecuente cada vez que drones se acercan a Moscú, lo que refleja la creciente capacidad de Ucrania para realizar ataques de largo alcance dentro de Rusia.
El ataque cerca de Moscú se produjo pocos días después de otro golpe significativo.
En la noche del 14 al 15 de mayo, drones ucranianos atacaron la refinería de petróleo de Riazán, una de las mayores instalaciones de refinado de Rusia situada a unos 200 kilómetros al sureste de Moscú. El ataque provocó un gran incendio en la planta.
Autoridades regionales informaron además de daños en edificios residenciales. Según reportes oficiales, cuatro personas murieron y al menos una docena resultaron heridas tras la caída de restos de drones en zonas residenciales e industriales.
Las refinerías y otras instalaciones energéticas se han convertido en objetivos recurrentes en la estrategia ucraniana para interrumpir el suministro de combustible y la logística militar rusa.
La escalada no es unilateral. Rusia ha aumentado al mismo tiempo la intensidad de sus propios ataques de largo alcance contra ciudades ucranianas.
A mediados de mayo, fuerzas rusas lanzaron grandes oleadas de drones y misiles contra distintos puntos de Ucrania. En uno de esos ataques, un edificio residencial en Kyiv fue destruido, causando nueve muertos y decenas de heridos, según autoridades locales.
La Fuerza Aérea ucraniana también informó que Rusia lanzó 294 drones de ataque durante la noche del 16 de mayo, de los cuales la mayoría fueron interceptados, aunque se registraron alrededor de 20 impactos en distintas regiones del país.
Estas operaciones masivas —a menudo combinando drones con misiles— se han convertido en un elemento central de la campaña aérea rusa contra infraestructuras y áreas urbanas ucranianas.
El aumento de los ataques coincide con un momento en que los intentos de alto el fuego han perdido fuerza.
A principios de mayo, Ucrania acusó a Rusia de ignorar una propuesta de alto el fuego impulsada por Kyiv y continuar con ofensivas terrestres y ataques aéreos.
Mientras tanto, Rusia ha informado en varias ocasiones de grandes derribos de drones ucranianos. En un episodio anterior de mayo, funcionarios rusos dijeron haber derribado 347 drones ucranianos en múltiples regiones, uno de los mayores ataques aéreos desde el inicio de la guerra a gran escala.
El ataque del 16–17 de mayo ilustra cómo la guerra está evolucionando hacia una campaña aérea cada vez más extensa y tecnológica.
Ucrania ha ampliado gradualmente el alcance de sus drones para golpear objetivos estratégicos dentro de Rusia, incluidos centros energéticos y áreas cercanas a la capital. Al mismo tiempo, Moscú continúa lanzando grandes oleadas de drones y misiles contra ciudades ucranianas.
El resultado es un patrón de represalias continuas. Con ambos países intensificando sus ataques de largo alcance y con propuestas de alto el fuego que no prosperan, las perspectivas de una desescalada rápida siguen siendo inciertas.
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