El índice PMI global de servicios de J.P. Morgan se ubicó en 52.0, por encima del 50.8 previo. Una cifra que, en sí misma, señalaba una expansión general, pero que en esta ocasión ocultaba una debilidad severa concentrada casi exclusivamente en Europa . El índice compuesto, que agrupa manufacturas y servicios, alcanzó los 51.2 puntos en mayo
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El conflicto, una guerra con Irán, cerró de facto el estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento vital para el comercio mundial. Según el Fondo Monetario Internacional, cerca del 25-30% del petróleo mundial y el 20% del gas natural licuado transitan por este paso . La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calificó esta disrupción como la mayor jamás registrada en el mercado global del petróleo
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Este bloqueo se tradujo en un "aumento del coste de la vida impulsado por la guerra", que golpeó con más fuerza e inmediatez a las economías dependientes de la importación de combustibles . Europa y el Reino Unido, con una alta factura energética externa, fueron el epicentro de la tormenta.
El impacto económico fue tan veloz como severo. En la eurozona, la actividad económica se contrajo al ritmo más rápido en más de dos años y medio . Las presiones de costes se dispararon en todo el bloque. Francia, Alemania y España fueron señaladas como las economías más perjudicadas
. La escalada del coste de la vida literalmente "machacó la demanda de servicios en toda Europa y las empresas aceleraron los despidos", señaló el análisis de los datos
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El Reino Unido sufrió, por su parte, el mayor aumento de los costes de producción entre las economías avanzadas. Una subida ampliamente vinculada al impacto de la guerra en los precios de la energía y el transporte marítimo . Esta presión repercutió directamente en una contracción de su mastodóntico sector de servicios. El PMI británico cayó desde un modesto 52.7 en abril hasta un 49.3 en mayo, el primer dato por debajo de 50 en un año
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Los encuestados señalaron que la preocupación por el conflicto de Oriente Medio había provocado "aplazamiento de decisiones de gasto y una reducción del consumo discrecional". Los negocios de hostelería y viajes fueron los que sintieron el impacto con mayor crudeza .
En marcado contraste, la economía estadounidense demostró una notable resiliencia. Como productor neto de energía, el país estaba significativamente menos expuesto a las interrupciones en el transporte marítimo en Ormuz que sus pares europeos. Aunque la inflación de los costes de producción sí aumentó, el sector servicios no solo evitó la contracción, sino que se expandió a un ritmo sólido (53.7). El índice PMI compuesto de EE. UU., que mide la salud general del sector privado, se revisó al alza hasta los 53.0 puntos .
Asia presentó un panorama mixto, pero en general expansivo. Si bien las grandes economías de la región son importadoras significativas de energía y sintieron el impacto de los mayores costes del combustible, este efecto fue compensado en gran medida por una potente demanda interna y, en algunos casos, por la pujanza de sus exportaciones de servicios.
El sector servicios de la India se aceleró bruscamente, con su índice compuesto HSBC alcanzando los 61.2 puntos, el crecimiento intermensual más fuerte desde abril de 2024. Este dinamismo fue impulsado por una alta demanda, tanto nacional como internacional . Los servicios de China se expandieron a un ritmo más rápido, sostenidos por los nuevos pedidos domésticos, lo que compensó un menor declive en la nueva actividad exportadora causado por la incertidumbre en torno a los aranceles de EE. UU.
. El aumento del coste de la energía fue un viento en contra para la región, pero no el lastre decisivo que representó en Europa
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Los datos de mayo de 2025 muestran con meridiana claridad cómo un único shock geopolítico puede generar un resultado económico global extremadamente fragmentado. Esta divergencia no fue fruto del azar, sino una consecuencia directa de la dependencia energética de cada país. El motor económico europeo se caló cuando la subida de precios de la energía provocada por la guerra se tradujo en un mayor coste de la vida, asfixiando el gasto discrecional en servicios. Estados Unidos, aislado por su producción energética doméstica, capeó el temporal, mientras que las economías asiáticas, aún sufriendo el aumento de costes, navegaron la crisis con unas dinámicas de crecimiento subyacente mucho más robustas.
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