En conjunto, estas cifras sugieren que Microsoft está monetizando la IA por dos vías: el consumo de infraestructura y las suscripciones de software. La diferencia es importante. Su crecimiento no depende únicamente de alquilar capacidad de computación; también puede vender funciones de IA dentro de herramientas que las empresas ya utilizan en su trabajo diario.
El volumen de contratos pendientes es especialmente relevante, aunque conviene leerlo con cautela. Las obligaciones de rendimiento pendientes representan compromisos contractuales, no ingresos actuales ni capacidad disponible de inmediato. Antes de que se conviertan en ventas reconocidas, Microsoft debe construir, conectar y operar la infraestructura necesaria, y los clientes deben utilizarla.
Amazon Web Services registró 42.200 millones de dólares de ingresos en el segundo trimestre, un 37% más interanual, lo que elevó su ritmo anualizado de ingresos a unos 169.000 millones de dólares. Amazon describió ese crecimiento como el más rápido de AWS en 18 trimestres.
Por tanto, AWS sigue siendo mayor que Google Cloud por ingresos trimestrales y mantiene una ventaja considerable en ritmo anualizado. El resultado también demostró que el líder establecido puede acelerar: el crecimiento de AWS pasó del 28% del trimestre anterior al 37%.
El hito de Azure cambia la conversación, pero no el orden del mercado. Azure ya es un negocio anual de más de 100.000 millones de dólares, mientras AWS opera a un ritmo aproximado de 169.000 millones según su último trimestre. La comparación no es perfectamente homogénea: Microsoft comunica los ingresos anuales de Azure correspondientes a su ejercicio fiscal, mientras Amazon presenta los ingresos trimestrales de AWS y calcula un ritmo anualizado.
Los ingresos de Google Cloud aumentaron un 82% interanual, hasta 24.800 millones de dólares, en el segundo trimestre de Alphabet. Esa cifra implica un ritmo anualizado cercano a los 99.000 millones, próximo al hito anual comunicado por Microsoft para Azure, aunque ambas compañías utilizan periodos y definiciones de reporte diferentes.
El porcentaje de crecimiento de Google Cloud fue muy superior al 43% de Azure y al 37% de AWS. Sin embargo, el porcentaje por sí solo puede distorsionar la imagen: a partir de las cifras comunicadas, Google Cloud y AWS añadieron aproximadamente 11.000 millones de dólares cada uno a sus ingresos trimestrales frente al mismo periodo del año anterior. Google avanza con rapidez, pero AWS sigue siendo mucho mayor en términos absolutos.
Alphabet también informó de 8.800 millones de dólares de resultado operativo en Google Cloud, frente a 2.800 millones un año antes, y de una cartera de contratos pendientes de 514.000 millones de dólares.
El resultado es una competencia de tres frentes, con fortalezas diferentes:
Los 678.000 millones de dólares de compromisos comerciales pendientes de Microsoft y los 514.000 millones de cartera de Google Cloud indican que grandes clientes están firmando acuerdos plurianuales de importancia. Esto hace que el auge de la IA parezca más duradero que una simple oleada de pruebas piloto a pequeña escala.
Pero los contratos no eliminan el cuello de botella operativo. Un acuerdo firmado todavía necesita centros de datos, electricidad, redes, aceleradores y cargas de trabajo de software. Si la infraestructura no llega a tiempo, la demanda puede seguir visible en la cartera de contratos mientras el reconocimiento de ingresos y el retorno de la inversión se retrasan.
Los planes de gasto de Alphabet muestran la magnitud del desafío. La compañía elevó su previsión de inversión en bienes de capital para 2026 a entre 195.000 y 205.000 millones de dólares, alegando la fortaleza de la demanda de nube y sus necesidades de capacidad.
Esto crea un problema de calendario para los inversores: las empresas pueden conseguir compromisos de clientes antes de haber instalado la capacidad física necesaria para cumplirlos. La pregunta ya no es solo si los clientes quieren IA, sino con qué rapidez esa demanda puede transformarse en uso facturable y si ese uso mantendrá márgenes atractivos después de contabilizar el coste de la infraestructura.
Alphabet destinó 44.900 millones de dólares a inversiones de capital en el segundo trimestre, mientras su flujo de caja libre cayó a 5.900 millones negativos. Las cifras muestran cómo una historia de crecimiento rentable en la nube puede coexistir con un fuerte consumo de efectivo a corto plazo cuando las compañías construyen infraestructura por adelantado.
La misma prueba económica se aplica a Microsoft. Sus elevados beneficios operativos y el crecimiento de Azure le dan más margen financiero para invertir, pero la empresa todavía debe demostrar que el consumo de Azure, las suscripciones de Copilot y los compromisos contratados producirán retornos suficientes a medida que aumente el gasto en infraestructura.
Los inversores no han llegado, en general, a la conclusión de que los grandes proveedores de nube vayan a abandonar sus inversiones en IA. Reuters informó de que la atención del mercado se ha desplazado hacia las compañías capaces de generar los mejores retornos a largo plazo con este ciclo de gasto. Al mismo tiempo, una encuesta de Bank of America señaló que el 38% de los gestores de fondos identificaba el gasto de capital de los grandes proveedores de IA como la mayor fuente potencial de un evento de crédito sistémico.
Ambas visiones pueden coexistir. Los inversores pueden creer que la demanda es real y que el gasto continuará, pero seguir cuestionando cuánto tardará en recuperarse la inversión, qué necesidades de financiación surgirán y cuál será el retorno final de cada dólar invertido.
Microsoft salió del trimestre como el competidor de nube e IA con mayor integración comercial, no como el líder indiscutible de la nube. El hito de Azure, su crecimiento trimestral del 43%, los más de 30 millones de suscripciones de pago de Copilot y los 678.000 millones de dólares de compromisos pendientes ofrecen una evidencia poco habitual de que la demanda de IA ya está llegando a los presupuestos empresariales.
AWS conserva la mayor escala comunicada, mientras Google Cloud tiene la tasa de crecimiento más elevada. La comparación también muestra por qué ninguna métrica basta para resolver la carrera: el crecimiento porcentual favorece a Google, el volumen absoluto favorece a AWS y la distribución de productos junto con la demanda empresarial contratada ofrece a Microsoft una ventaja de otra naturaleza.
La siguiente etapa se medirá menos por los titulares de crecimiento y más por la ejecución. Los tres grandes proveedores tendrán que convertir sus carteras de contratos en capacidad instalada, esa capacidad en uso de clientes y ese uso en flujo de caja libre y retornos duraderos. Los resultados de Microsoft demuestran que la oportunidad de la nube y la IA ya genera ingresos reales. Todavía no demuestran que la construcción de infraestructura vaya a ser igual de rentable cuando el mercado alcance la madurez.