La empresa se fundó en 2019 bajo el nombre de Frost, un neobanco que combinaba servicios de banca digital con herramientas para ayudar a los usuarios a cambiar de proveedor de energía, una propuesta poco común en el mercado fintech.
Durante su operación, la aplicación consiguió cierto crecimiento:
Sin embargo, el modelo de negocio resultó difícil de sostener. Cambios en el mercado y en las condiciones del negocio obligaron a la empresa a replantear su estrategia, lo que llevó al cierre definitivo de las cuentas minoristas en 2024.
En lugar de descartar la tecnología desarrollada, el equipo decidió reconstruir el proyecto sobre una nueva base.
Tras el cierre de Frost, la empresa se relanzó como Keel, posicionándose como proveedor de infraestructura Banking‑as‑a‑Service para otras fintech y plataformas digitales.
En lugar de competir por clientes finales, Keel pasó a ofrecer los componentes técnicos que permiten a otras empresas lanzar productos financieros.
La transición aprovechó varios activos creados durante la etapa de Frost:
Este enfoque “desde la experiencia operativa” se convirtió en parte central de su propuesta de valor: la infraestructura se diseñó a partir de lecciones aprendidas operando un producto fintech real, no solo como una plataforma teórica.
Tras reconstruir su plataforma y salir del modo stealth, Keel informó que había alcanzado rentabilidad y comenzado a captar clientes fintech en distintos mercados.
La plataforma de Keel funciona como un conjunto modular de servicios financieros accesibles mediante APIs, lo que permite a otras empresas integrar funciones bancarias dentro de sus productos.
Uno de los pilares del sistema es la infraestructura de IBAN virtuales, que permite a las plataformas asignar números de cuenta individuales a cada usuario o cliente.
Con sus APIs, las empresas pueden:
Este tipo de cuentas se utiliza en productos como wallets digitales, plataformas de trading o servicios de remesas.
Keel también ofrece infraestructura para pagos internacionales y gestión de múltiples monedas.
La plataforma permite manejar varias divisas dentro de una misma cuenta y acceder a servicios de cambio con precios transparentes, buscando reducir costes de conversión y riesgos de tipo de cambio.
Entre las monedas compatibles se encuentran algunas de las principales del sistema financiero internacional, como EUR, USD o CAD, entre otras utilizadas en pagos globales.
Otra parte clave de la oferta es la emisión de tarjetas, que permite a las fintech lanzar sus propias tarjetas de pago.
El sistema admite:
Esto permite que las plataformas integren funciones de gasto directamente dentro de sus aplicaciones financieras.
En el núcleo del sistema se encuentra un motor de core banking orientado a APIs, diseñado para integrarse con aplicaciones fintech y sistemas externos.
Entre sus funciones destacan:
Este enfoque permite a las startups lanzar productos financieros sin tener que construir desde cero una infraestructura bancaria regulada.
El cumplimiento regulatorio es otro componente fundamental del sistema.
Keel incluye herramientas para:
Estas funciones ayudan a las fintech a cumplir con las obligaciones regulatorias y reducir riesgos operativos en sus servicios de pago.
En el modelo Banking‑as‑a‑Service, la regulación es crítica porque la plataforma actúa como intermediaria entre las aplicaciones fintech y el sistema financiero.
Según los reportes disponibles, Keel obtuvo aprobación regulatoria para su nuevo modelo y opera como institución de dinero electrónico autorizada por la FCA, el regulador financiero del Reino Unido. Esto le permite ofrecer servicios de pago e infraestructura financiera regulada.
En paralelo, el sector BaaS ha experimentado un aumento de la supervisión regulatoria en los últimos años, con mayor énfasis en resiliencia operativa, protección de fondos y responsabilidad de los proveedores de infraestructura fintech.
Por ese motivo, plataformas como Keel destacan el cumplimiento normativo, la prevención de fraude y la estabilidad operativa como pilares de su propuesta.
El cambio de Frost a Keel representa un giro estratégico importante.
En lugar de intentar captar millones de usuarios finales —un mercado altamente competitivo— la empresa busca convertirse en infraestructura financiera integrada para otras fintech.
El modelo apunta a:
Esta estrategia refleja una tendencia más amplia en el sector fintech: muchas startups están pasando de construir bancos digitales completos a desarrollar plataformas de infraestructura financiera basadas en APIs que pueden servir a múltiples empresas al mismo tiempo.
El caso de Keel muestra un patrón cada vez más común en fintech. Crear un neobanco para consumidores es costoso y competitivo, pero la tecnología desarrollada —sistemas de pagos, cumplimiento regulatorio y software bancario— puede convertirse en una valiosa infraestructura para otras empresas.
Al transformar la tecnología interna de Frost en una plataforma BaaS, Keel pasó de operar un único producto fintech a construir una plataforma que permite a muchas fintech crear sus propios productos financieros, un modelo potencialmente más escalable en el mercado global.