Lu-Lyn Chang creía que no tenía talento para las manualidades: había suspendido esa asignatura en la escuela. Pasados los 50 años, durante la pandemia de COVID-19, empezó a aprender macramé —una técnica que crea piezas textiles mediante nudos— para mantener ocupada la mente y sobrellevar la ansiedad. Aquella práctica terminó convirtiéndose en Bound Designs, su marca de bolsos y accesorios hechos a mano.
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Una marca pequeña, piezas irrepetibles
En lugar de reproducir el mismo bolso una y otra vez, Chang diseña piezas únicas. Ha optado por mantener Bound Designs como un negocio pequeño para dedicar más atención a la creatividad y al oficio. Así, una actividad que comenzó como refugio personal se transformó en una forma de expresar una capacidad que antes dudaba tener.
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Aprender un oficio para compartirlo
Chang también enseña macramé a personas reclusas. Bound Designs menciona entre sus iniciativas comunitarias el trabajo con el Yellow Ribbon Project, un programa de Singapur vinculado a la reinserción, y con la prisión de mujeres del país.
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Su enseñanza se extiende a personas con discapacidad. En una colaboración, guio a 24 participantes de Bishan Home for the Intellectually Disabled en la elaboración de broches. SG Enable, entidad singapurense dedicada a la inclusión de las personas con discapacidad, describe además un programa de Bound Designs en el que se enseñan nudos de macramé y nociones de color aplicadas a accesorios de moda.
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La marca afirma que busca ofrecer habilidades y empleo a comunidades con menos oportunidades, y una iniciativa de SG Enable invitó a diseñadores a formar y contratar a personas con discapacidad. Eso muestra una intención de crear trabajo remunerado, pero las fuentes no precisan cuántos alumnos de Chang consiguieron empleo ni en qué condiciones.
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Para Chang, el cambio va más allá de los bolsos: el macramé le permitió revisar la idea de que no era creativa y convertir una habilidad aprendida para encontrar calma en algo que puede compartir.
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