A nivel mundial, la financiación de venture y growth en climate tech alcanzó unos 40.500 millones de dólares en 2025, lo que supone un aumento aproximado del 8% respecto a 2024. Sin embargo, el número total de operaciones cayó un 18%.
Esto significa que los inversores están apostando por menos empresas, pero con cheques mucho mayores.
Las mega‑rondas dominan cada vez más el mercado: la mitad de las diez mayores inversiones en climate tech en 2025 superaron los 1.000 millones de dólares.
Otros análisis muestran un patrón similar. En una muestra del mercado, las rondas de crecimiento y etapas tardías concentraron más del 93% del capital invertido, mientras que las inversiones semilla representaron menos del 1%.
Todo esto apunta a un sector que está madurando: el capital se dirige cada vez más hacia compañías capaces de escalar tecnologías como almacenamiento energético, infraestructura eléctrica o energía nuclear y de fusión.
Aunque algunos análisis sugieren cambios regionales, Estados Unidos sigue dominando el mercado global de venture capital en términos generales.
En el primer trimestre de 2026, la región de las Américas captó alrededor del 82% de toda la inversión mundial de VC, impulsada principalmente por enormes rondas de financiación en empresas de inteligencia artificial.
Cinco compañías estadounidenses por sí solas reunieron 188.600 millones de dólares en el trimestre, lo que infló las cifras regionales del mercado de venture en general.
Dentro del propio sector climático, EE. UU. sigue siendo uno de los mayores polos de inversión: el venture capital en climate tech alcanzó unos 29.000 millones de dólares en 2025, uno de los mejores años registrados pese a una menor actividad en número de acuerdos.
Europa cuenta con un ecosistema sólido de investigación, startups climáticas y políticas públicas favorables a la transición energética. El problema aparece cuando esas empresas necesitan capital para crecer.
Las rondas necesarias para escala industrial —Series B, C y growth— son menos abundantes que en Estados Unidos. El dato de solo 15 operaciones en etapas tardías en el primer trimestre de 2026 ilustra esa limitación.
Este punto es crucial porque muchas tecnologías climáticas requieren inversiones muy elevadas. Construir fábricas de baterías, redes energéticas o soluciones de descarbonización industrial implica cantidades de capital muy superiores a las de una startup típica de software.
Paradójicamente, capital disponible sí existe. Se estima que el sector contaba con unos 90.000 millones de dólares en “dry powder” (capital comprometido pero aún no invertido) en climate tech a nivel global a comienzos de 2026.
La cuestión clave no es solo cuánto capital hay, sino dónde y en qué etapas se despliega.
También es importante entender que el venture capital representa solo una pequeña parte del dinero que impulsa la transición energética mundial.
El VC financia startups tecnológicas, mientras que la transición energética en su conjunto depende sobre todo de financiación de proyectos a gran escala: parques solares y eólicos, redes eléctricas, almacenamiento energético e infraestructura industrial.
Como las rondas de venture son relativamente pequeñas y desiguales, unas pocas operaciones de miles de millones pueden alterar fácilmente las estadísticas trimestrales por región. La transición energética global, en cambio, se mueve principalmente por grandes proyectos de infraestructura desplegados en múltiples regiones.
El panorama actual del venture capital en climate tech está marcado por tres dinámicas estructurales:
En conjunto, el sector se parece cada vez menos a un auge de startups experimentales y más a una industria de despliegue tecnológico a gran escala, donde el capital sigue a las compañías capaces de construir infraestructura energética y climática a nivel industrial.
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