El factor común fue un dólar estadounidense más débil. Para el 17 de agosto, los operadores habían reducido a aproximadamente una de cada tres la probabilidad de una subida de tipos de la Fed en septiembre, frente a cerca del 75% a finales de julio. Ese cambio favoreció el apetito por el riesgo en los mercados en desarrollo.
La historia del dólar más débil chocó con un entorno menos favorable en los tipos de interés y la energía. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo subieron con fuerza, y la rentabilidad del bono a 30 años llegó a su nivel más alto desde 2007. El movimiento formó parte de una venta generalizada de deuda a escala mundial, que elevó los costes de financiación y redujo el interés por los activos más arriesgados de los mercados emergentes.
El petróleo fue otro obstáculo. Los informes vincularon el alza del crudo a las tensiones en Oriente Medio y al temor de que unos costes energéticos elevados intensifiquen las presiones inflacionistas.
Esto es especialmente relevante para las economías asiáticas que dependen en gran medida de la energía importada: un petróleo más caro puede presionar simultáneamente la inflación, las balanzas comerciales y sus monedas. Las fuentes disponibles no aportan cifras comparables de cuenta corriente para cada país, por lo que este riesgo debe entenderse como una vulnerabilidad regional y no como una previsión confirmada para una economía concreta.
Las acciones asiáticas fueron descritas como mixtas o más débiles el 18 de agosto, mientras los inversores sopesaban unas expectativas de tipos de la Fed más moderadas a corto plazo frente a unos rendimientos globales más altos. Las fuentes disponibles no ofrecen un conjunto completo y fiable de variaciones de esa misma sesión para el índice bursátil de mercados emergentes de MSCI, las acciones indonesias, la bolsa taiwanesa o el Kospi surcoreano.
Sí hubo señales de una evolución más sólida en una sesión anterior. El 13 de agosto, el índice de MSCI que reúne las acciones de Asia-Pacífico, excluido Japón, subió un 0,97%, liderado por un salto del 4,4% de las acciones surcoreanas después de que los datos de inflación de Estados Unidos redujeran las expectativas de un endurecimiento inmediato de la Fed. Ese repunte anterior no debe confundirse con la sesión más cautelosa del 18 de agosto.
Indonesia no perdió su condición de mercado emergente en la revisión de MSCI de agosto de 2026. El proveedor de índices no modificó la lista de países clasificados como mercados emergentes, aunque sí cambió la composición de algunos índices de acciones indonesias.
La preocupación por su clasificación, no obstante, no desapareció. En junio, MSCI prolongó su revisión y señaló que podría estudiar un cambio a la categoría de mercado frontera si los avances resultaban insuficientes para su revisión de noviembre de 2026. Entre los problemas mencionados figuraban la opacidad de las estructuras accionariales, las dificultades en el flujo de información y las restricciones del mercado de divisas.
Para los inversores, son dos asuntos distintos: Indonesia conservó por ahora su clasificación nacional, pero los problemas de accesibilidad del mercado y los cambios en los componentes de los índices aún pueden influir en los flujos de capital y en la confianza hacia sus acciones. Las fuentes disponibles tampoco verifican de forma independiente la expectativa de que el Banco de Indonesia mantuviera su tipo de referencia en el 5,75%; por tanto, esa previsión concreta debe considerarse no confirmada.
El mensaje inmediato fue mixto. La menor expectativa de una subida de tipos de la Fed y un dólar más débil respaldaron a las divisas asiáticas, con el dólar taiwanés y el ringit entre los principales beneficiarios. Pero el máximo de la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años, el petróleo elevado y el comportamiento irregular de las bolsas desaconsejaron interpretar el movimiento como un repunte regional generalizado de los activos de riesgo.
La próxima fase dependerá de si el dólar continúa debilitándose sin que aumenten aún más los rendimientos de la deuda a largo plazo. Si persisten la presión vendedora en el mercado de bonos y los costes energéticos elevados, ambos factores podrían seguir pesando más que el alivio derivado de unas menores expectativas de endurecimiento inmediato de la Fed, especialmente en las economías importadoras de energía y en mercados que ya afrontan riesgos específicos, como Indonesia.