La reunión formó parte de una ofensiva diplomática y empresarial más amplia. La delegación de Myanmar incluyó a autoridades vinculadas con Tanintharyi, la región donde se encuentra Dawei, y el viaje también incorporó un foro empresarial entre ambos países.
La energía ocupa un lugar destacado en esta relación. Moscú ha expresado interés en participar en la exploración y producción de petróleo y gas en aguas de Myanmar, y ambos países también han impulsado un proyecto de energía nuclear de pequeña escala. En Dawei, los planes para el puerto y la refinería se vinculan además con instalaciones eléctricas destinadas a abastecer la zona industrial y sus operaciones logísticas.
En febrero de 2025, Rusia y Myanmar firmaron un memorando de cooperación en inversiones para la Zona Económica Especial de Dawei. El documento identificó como proyectos principales un puerto de aguas profundas y una refinería de petróleo. Otros informes describieron también una central térmica de carbón dentro del paquete propuesto.
El siguiente avance llegó en junio de 2026, cuando la empresa rusa Inter RAO y la compañía birmana Launglon Economic Development firmaron un memorando sobre una planta eléctrica para Dawei.
Pero un memorando establece un marco de cooperación; no demuestra que todo el complejo tenga financiación asegurada ni que las obras hayan comenzado. En el caso de la refinería, aún se necesitaban trabajos adicionales antes de adoptar una decisión final de inversión.
La diferencia es fundamental. Estos acuerdos pueden expresar una intención política y abrir negociaciones, pero todavía dejan pendientes cuestiones decisivas: cuánto costará el proyecto, quién será su propietario, cómo se financiará, qué empresas lo construirán y bajo qué condiciones funcionará.
Dawei está situada en la costa del mar de Andamán, frente al océano Índico. La idea original nunca fue construir únicamente un puerto: el proyecto combina una terminal de aguas profundas, un parque industrial y un corredor de carreteras y ferrocarril hacia Tailandia.
Myanmar y Tailandia lanzaron el concepto de desarrollo conjunto en 2008. Desde entonces, Dawei se convirtió en un megaproyecto de avances intermitentes, frenado por problemas de financiación, falta de infraestructuras y cambios en los compromisos de gobiernos e inversores. Los acuerdos anteriores con intereses tailandeses y japoneses tampoco llegaron a producir un complejo portuario terminado.
Su atractivo estratégico es fácil de entender. Si el corredor Dawei-Tailandia llegara a funcionar, parte de las mercancías que entran desde el océano Índico podrían continuar por tierra hacia Tailandia y el sudeste asiático continental, en lugar de rodear la península malaya por el estrecho de Malaca.
Eso ofrecería una alternativa para determinados flujos comerciales regionales y daría a Myanmar una nueva puerta de entrada y salida de mercancías. Sin embargo, Dawei no reemplazaría al estrecho de Malaca en el transporte marítimo mundial. Los operadores seguirían teniendo que valorar el transbordo, los trámites fronterizos, los costes del transporte terrestre, la capacidad ferroviaria y vial y la conveniencia económica de cruzar dos países.
La hipótesis más realista es, por tanto, la de un corredor logístico regional selectivo, no la de un desvío universal de las rutas globales.
La participación en Dawei podría abrir oportunidades para empresas rusas de energía, construcción portuaria, refino e infraestructuras industriales. También podría dar a Moscú una presencia comercial en el océano Índico orientada hacia los mercados del sudeste asiático y reforzar su relación con el Gobierno respaldado por las fuerzas armadas de Myanmar. Las conversaciones energéticas más amplias entre ambos países apuntan en esa dirección.
Eso no significa que Rusia vaya a obtener una base naval o acceso militar permanente. La evidencia disponible respalda la posibilidad de una presencia comercial y estratégica, pero no confirma un acuerdo de emplazamiento militar.
La reactivación de Dawei se desarrolla en una región afectada por un conflicto activo. Reuters informó el 21 de agosto de que las fuerzas armadas de Myanmar habían desplegado cientos de soldados para despejar terrenos destinados a la zona económica respaldada por Rusia. Fuentes de la resistencia y una activista local describieron aldeas y viviendas incendiadas, además del aislamiento de las áreas circundantes. Como esas afirmaciones operativas proceden de fuentes locales y vinculadas a la resistencia, deben considerarse denuncias informadas, no hechos verificados de forma independiente.
Por separado, el proyecto Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), que registra y analiza episodios de violencia política, informó de que la cúpula militar de Myanmar había prometido eliminar a los grupos de resistencia cercanos a corredores estratégicos conectados con los proyectos rusos en Dawei. Su informe describió el avance de una columna de aproximadamente 700 soldados y registró incursiones y muertes de civiles.
También se ha informado de la muerte de tres integrantes de un equipo humanitario de Dawei. Se trata de acusaciones graves, pero las fuentes disponibles no establecen de forma independiente las circunstancias ni la atribución de esas muertes.
Las consecuencias para Dawei no son únicamente humanitarias. Los combates, el desplazamiento de población, la disputa por la propiedad de la tierra, las restricciones al acceso de la ayuda y la presunta destrucción de bienes civiles elevan los riesgos jurídicos, reputacionales, aseguradores, financieros y de construcción.
Un centro logístico no se convierte en fiable simplemente porque el terreno haya sido despejado por la fuerza.
Tailandia es la dependencia externa más importante del proyecto. La lógica comercial de Dawei exige mucho más que un puerto en la costa de Myanmar: necesita carreteras y ferrocarriles transfronterizos fiables, aduanas operativas, cadenas de suministro industriales y un nivel de seguridad suficiente para atraer a transportistas e inversores.
Sin esa conectividad, Dawei corre el riesgo de convertirse en un puerto y enclave industrial costoso, con un volumen de carga insuficiente para justificar su escala. Con ella, podría ofrecer a Tailandia y a otras economías del sudeste asiático continental un acceso adicional al océano Índico.
Por eso, la actual reactivación debe entenderse como una propuesta estratégica en fase inicial, no como un corredor terminado. El memorando de 2025 y el acuerdo de 2026 sobre la planta eléctrica cubren piezas importantes del proyecto, pero no resuelven por sí solos sus problemas históricos de financiación, propiedad de la tierra, seguridad e infraestructuras transfronterizas.
Rusia y Myanmar están ampliando su cooperación en energía, comercio, seguridad y política exterior, y Dawei le da a esa relación un objetivo concreto. La reunión de Putin con Min Aung Hlaing el 18 de agosto aportó visibilidad diplomática a la alianza, mientras que los planes del puerto, la refinería y la planta eléctrica ofrecen una posible plataforma comercial.
Aun así, las perspectivas siguen siendo inciertas. Dawei necesita financiación creíble, un plan de ejecución viable, seguridad, aceptación de las comunidades y, sobre todo, una conexión funcional con Tailandia.
La ofensiva militar denunciada alrededor del emplazamiento hace que esas condiciones sean más difíciles de alcanzar, no menos. Por ahora, Dawei debe verse como una propuesta estratégicamente atractiva, pero afectada por el conflicto y muy lejos de tener garantizado su éxito.