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La respuesta de corto plazo de la Fed es paciencia. El banco central estadounidense mantuvo a finales de abril el rango de los fondos federales en 3,50 %-3,75 %, con reportes que apuntaban a la inflación elevada y al aumento de los precios globales de la energía como razones para la pausa . Reuters también informó que funcionarios de la Fed advirtieron que el conflicto en Irán podía empeorar la inflación y retrasar los recortes, sobre todo si el combustible caro generaba presiones más amplias en las cadenas de suministro
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Ese matiz es importante. Una subida puntual de la gasolina puede elevar la inflación general durante unos meses; un shock energético persistente puede colarse en la inflación subyacente por el transporte de mercancías, los vuelos, los costos de producción y las expectativas. La Fed de Dallas subrayó precisamente esos dos canales: la presión directa de la gasolina y el riesgo de que las expectativas de inflación de los hogares amplifiquen el golpe inicial .
Para el BCE y el Banco de Inglaterra, el problema no es solo una inflación más alta. Es la combinación incómoda de energía cara y crecimiento más frágil. Antes de las decisiones de finales de abril, los reportes apuntaban a que la Fed, el BCE y el BoE mantendrían una postura de tasas sin cambios mientras subían los precios de la energía y aumentaban al mismo tiempo los temores de desaceleración .
Los mercados reaccionaron rápido. Según Reuters, los mercados monetarios elevaron las apuestas a subidas de tasas por parte del BCE, el Banco Nacional Suizo y el Riksbank sueco antes de fin de año, con el Banco de Inglaterra visto siguiendo más adelante . The Economic Times, citando a Robeco, señaló por separado que la disrupción del crudo estaba obligando a algunos bancos centrales a posponer la flexibilización y a otros a considerar subidas que antes no se esperaban; en un escenario, Robeco dijo que el BCE podría subir 25 puntos básicos, es decir 0,25 puntos porcentuales, en junio y septiembre si el Brent se mantenía cerca de 80 dólares por barril
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En el Reino Unido, el caso no es necesariamente una subida inmediata, sino una cautela más difícil de abandonar. Un shock energético puede elevar la inflación y, a la vez, enfriar la demanda: el clásico riesgo de estanflación citado en los reportes sobre bancos centrales tras el inicio de la guerra . En ese entorno, recortar demasiado pronto puede dañar la credibilidad antiinflacionaria; endurecer demasiado puede agravar la desaceleración.
Canadá muestra por qué esta no es una decisión sencilla de inflación contra crecimiento. El Banco de Canadá mantuvo su tasa de referencia en 2,25 % por cuarta vez consecutiva a finales de abril, y sus funcionarios advirtieron que la incertidumbre por la guerra en Irán y por los aranceles de EE. UU. podía llevar la tasa de política monetaria tanto más arriba como más abajo en los meses siguientes .
El propio banco adoptó un lenguaje prudente, no abiertamente agresivo. En marzo dijo que la guerra añadía una nueva capa de incertidumbre, que el petróleo subía con fuerza y que eso elevaría la inflación en el corto plazo . Pero también describió el dilema de fondo: debilidad económica combinada con inflación al alza deja a los responsables de política monetaria sin una ruta cómoda
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El panorama global de Scotiabank reflejó esa misma postura condicional. Su escenario base asumía que las tensiones se aliviarían hacia mediados de año, que el petróleo seguiría elevado durante el tercer trimestre y luego bajaría gradualmente; también describía al petróleo como la principal fuente de incertidumbre y señalaba que los riesgos de inflación estaban sesgados al alza . Bajo un escenario así, el Banco de Canadá puede quedarse quieto y esperar. Si el petróleo no baja, el argumento para recortar se debilita mucho.
Corea del Sur enfrenta una presión especialmente intensa porque el shock petrolero llega acompañado de una moneda más débil. El Banco de Corea mantuvo su tasa de referencia en 2,5 % en abril, su séptima pausa seguida, con reportes que citaban precios al consumidor por encima del 2 % debido al petróleo caro y un won debilitado hacia el rango de 1.520 por dólar estadounidense . La prensa coreana describió la combinación de petróleo más caro y tipo de cambio won-dólar más alto como un doble shock, porque una moneda local más débil encarece la energía importada y puede trasladarse con más amplitud a los precios al consumidor
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Luego, los datos de inflación reforzaron la cautela. La inflación surcoreana se aceleró en abril al ritmo más alto en 21 meses, impulsada por el encarecimiento del petróleo tras el conflicto entre EE. UU. e Irán y con efectos en transporte, viajes y gastos de los hogares . Reuters informó que los precios de los productos petroleros saltaron 7,9 % mensual y que las tarifas aéreas internacionales subieron 13,5 %
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Por eso el Banco de Corea está más cerca que otros grandes pares de un debate explícito entre mantener o subir. El subgobernador Yoo Sang-dae dijo que era momento de considerar detener los recortes de tasas y elevarlas, y que una señal de posible subida podía aparecer en la reunión de política monetaria de mayo . Economistas también advirtieron que, si el petróleo se mantenía alrededor de 110 dólares por barril bajo un escenario de disrupción prolongada del estrecho de Ormuz, el Banco de Corea podía enfrentar presión para subir tasas desde el tercer trimestre
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Los bancos centrales pueden tolerar a veces un salto de la energía si creen que será temporal y no contaminará el resto de los precios. El problema esta vez es que la guerra en Irán abre varios canales de contagio al mismo tiempo:
El regreso de los recortes depende menos de los comunicados de los bancos centrales que del petróleo y de las expectativas. Si el conflicto se enfría, las rutas de suministro se estabilizan y la energía baja, el caso para recortar más adelante puede volver. El escenario base de Scotiabank, por ejemplo, asumía tensiones más suaves hacia mediados de año, petróleo elevado hasta el tercer trimestre y una caída gradual posterior; también proyectaba una Fed cautelosa, con un recorte este año y otro en 2027 antes de una pausa cerca del 3,25 % .
Si el shock persiste, el mapa cambia. Europa podría enfrentar más presión para pasar de la flexibilización a posibles subidas, sobre todo si los mercados siguen incorporando una inflación más alta . Canadá podría quedar atrapado en una pausa dependiente de los datos, porque sus autoridades ya dijeron que el próximo movimiento puede ser al alza o a la baja según evolucionen la guerra en Irán, la energía y los aranceles
. Corea del Sur seguiría siendo el caso más expuesto entre los países analizados, porque la inflación petrolera y la debilidad del won ya se están filtrando a los precios y sus funcionarios han hablado abiertamente de la posibilidad de subir tasas
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La conclusión: el ciclo de recortes no ha desaparecido, pero el listón para bajar tasas está mucho más alto. Hasta que los bancos centrales estén convencidos de que el shock petrolero de la guerra en Irán será transitorio, la opción más segura es pausar primero y recortar después.
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