Los contratos de Bitcoin de cinco minutos permitían apostar por si el precio del activo terminaría por encima o por debajo del nivel registrado al comienzo del intervalo. La posición ganadora pagaba 1 dólar, mientras que la perdedora no tenía valor .
El precio de apertura y el de cierre se obtenían mediante la infraestructura de oráculos de Chainlink, un servicio que combina datos de varios mercados para producir un precio de referencia descentralizado . Sin embargo, el cierre dependía de una única instantánea tomada al terminar el contrato.
Ese detalle creaba un incentivo muy concreto. Un operador podía abrir una posición grande en Polymarket —por ejemplo, a favor de que Bitcoin subiría— y realizar al mismo tiempo una operación en el mercado al contado de un exchange importante, como Binance o Coinbase. Si esa operación era suficientemente grande para empujar temporalmente el precio de referencia en los últimos segundos, el participante podía mejorar sus probabilidades de cobrar en Polymarket .
La maniobra no necesitaba mantener el precio elevado durante mucho tiempo. Bastaba con influir en la cotización alrededor del instante utilizado para la liquidación y deshacer después la operación.
Los investigadores examinaron aproximadamente 16.000 contratos de Bitcoin con una duración de cinco minutos durante un periodo de dos meses . Sus principales conclusiones fueron las siguientes:
Los autores describieron la vulnerabilidad como «estructural»: estaba incorporada en el diseño del contrato y no dependía únicamente de la conducta de unos pocos participantes . Las operaciones observadas son compatibles con manipulación, pero el estudio no equivale por sí solo a una determinación legal de responsabilidad individual.
El nuevo sistema entró en vigor a las 00:00 UTC del 7 de agosto de 2026. En vez de depender de un único precio de cierre, los mercados afectados utilizan un promedio calculado con datos de Chainlink . La duración del promedio depende del tipo de contrato:
La lógica es sencilla: mover una cotización durante un instante ya no debería bastar para cambiar el resultado. Para alterar el promedio, un operador tendría que mantener una presión compradora o vendedora durante más tiempo, asumir un mayor coste y enfrentarse a un riesgo más elevado de que la operación no produzca el resultado esperado.
Polymarket afirmó que la actualización busca «proteger la integridad del mercado» y anunció 1 millón de dólares en incentivos de liquidez para los mercados afectados durante agosto, con el objetivo de facilitar la transición .
Hay una salvedad importante: el precio de apertura sigue siendo una instantánea única, mientras que el promedio se aplica al precio de cierre . Esa diferencia ha generado comentarios sobre el diseño de la nueva metodología, aunque el cambio principal sí elimina el objetivo más evidente de la estrategia: influir en un único momento final.
La reforma llega en un momento en que Polymarket opera dentro de un marco regulatorio estadounidense complejo y todavía sujeto a escrutinio.
El episodio muestra que la transparencia de una plataforma basada en blockchain no garantiza por sí sola un mercado justo. Aunque las transacciones puedan auditarse públicamente, una regla de liquidación mal diseñada puede crear incentivos para que los participantes con más capital y velocidad obtengan ventaja sobre el resto .
El resultado observado en los contratos de 15 minutos ofrece una pista especialmente relevante: al ampliar la ventana, los patrones de manipulación desaparecieron. El uso de promedios temporales busca aplicar la misma idea sin renunciar por completo a los mercados de resolución rápida.
Para los operadores, la lección es que la velocidad de los contratos de cinco minutos también podía esconder un coste difícil de detectar: competir contra participantes capaces de influir en el precio de referencia justo antes del cierre. Para los reguladores y otras plataformas de predicción, el estudio ofrece un criterio concreto para revisar si sus mecanismos de liquidación generan riesgos parecidos.
El TWAP no resuelve todas las cuestiones que rodean a Polymarket, especialmente mientras continúan otras investigaciones regulatorias. Pero sí representa una admisión práctica de que la arquitectura del mercado —y no solo el comportamiento de sus usuarios— puede determinar quién termina pagando el precio.