Pero el conflicto que asola Irán y la asfixia del estrecho de Ormuz están alterando de forma violenta los patrones de inversión dentro del sector fósil, empujando una parte de ese dinero en la dirección contraria a la transición verde.
Las cifras detrás de la crisis de Ormuz marean. Desde que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques militares sobre Irán el pasado 28 de febrero, el tráfico marítimo por este angosto paso —por donde normalmente circula el 20% del comercio mundial de crudo— ha quedado prácticamente bloqueado .
La interrupción ha eliminado del mercado global entre 11 y 14.5 millones de barriles diarios (mb/d) de petróleo . Un solo evento con un impacto mayor que la suma de las pérdidas de suministro del embargo árabe de 1973 y la Revolución iraní de 1979, tal y como ha repetido sin descanso el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, desde el pasado mes de marzo
. Birol no se ha andado con eufemismos, calificando la situación como "la mayor crisis de seguridad energética a la que se ha enfrentado el mundo jamás" y "la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia"
. El gobernador del banco central de Japón ha definido este envite como un "quinto shock petrolero"
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Esta crisis histórica está generando un cóctel de incentivos profundamente contradictorio para los inversores en combustibles fósiles.
La inversión en petróleo cae por tercer año consecutivo. A pesar de los precios disparados del crudo —el barril de Brent superó los 100 dólares a principios de marzo y alcanzó un pico de 126 dólares—, la AIE proyecta que el gasto mundial en extracción (upstream) de petróleo volverá a caer en 2026, situándose por debajo de la barrera de los 500 mil millones de dólares . El organismo atribuye esta tendencia contraintuitiva a la incertidumbre sobre la duración de los precios altos, los largos plazos de maduración de los megaproyectos, los cuellos de botella en las cadenas de suministro y un cambio estructural del capital hacia la electrificación
. Dicho claro: los inversores no creen que este pico de precios en plena guerra sea un indicio de un boom de demanda duradero como para jugarse miles de millones en un proyecto a varios años.
La inversión en gas natural se dispara. La crisis es un potente acelerador para la industria gasista. Con los cargamentos de Gas Natural Licuado (GNL) de Catar atrapados tras el bloqueo, Europa y Asia han entrado en pánico para reemplazar los flujos de energía perdidos. Se espera que la inversión en terminales de GNL, gasoductos y nueva infraestructura de suministro crezca más de un 10% hasta alcanzar los 330 mil millones de dólares —su nivel más alto en una década— . Las naciones están diversificando a toda prisa las rutas comerciales para alejarse del volátil estrecho, acelerando proyectos de suministro alternativos
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El carbón protagoniza un regreso demoledor. La tendencia inmediata más preocupante es la del carbón. A medida que el bloqueo dispara los precios del petróleo y el gas hasta niveles insoportables, varios países están volviendo a quemar carbón como alternativa más barata y, a menudo, de producción nacional. La AIE informa de que la inversión global en carbón está aumentando hasta aproximadamente 180 mil millones de dólares, su nivel más alto desde 2012, borrando de un plumazo años de avances hacia un abandono gestionado del combustible fósil más sucio .
Incluso mientras la crisis a corto plazo resucita el carbón e impulsa el gas, la tendencia general de inversión sigue siendo abrumadoramente favorable a la energía limpia. Los 2.2 billones de dólares que fluyen hacia la infraestructura de electricidad limpia están impulsados por un motor más profundo que los precios inmediatos de los combustibles: el imperativo estratégico de la independencia energética .
Para muchas naciones, cada barril de petróleo desplazado no se está reemplazando por otro combustible fósil, sino por una inversión estructural en energías renovables autóctonas, energía nuclear y redes más resilientes que reducen de forma permanente la exposición a un mercado de combustibles volátil y dependiente de un puñado de estrechos marítimos . El informe de la AIE deja claro que las preocupaciones por la seguridad energética se han convertido en uno de los motores más poderosos para la expansión de las energías limpias
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Las ondas de choque financieras de esta crisis energética no se limitan a los consejos de administración de las grandes empresas. Están golpeando de lleno los balances de las naciones en desarrollo. Bangladés se alza como el ejemplo más visible. Entre el 26 y el 27 de mayo de 2026, el país solicitó formalmente un nuevo programa de asistencia al Fondo Monetario Internacional (FMI), ante el disparo en los costes de las importaciones de energía que llevan su economía al límite .
Ivo Krznar, jefe de misión del FMI en el país asiático, ha confirmado que las negociaciones sobre una agenda de reformas y nuevas prioridades políticas están en marcha . Daca busca al menos 2 mil millones de dólares en financiación externa adicional a sus acuerdos vigentes con el Fondo, mientras su banco central lucha por apuntalar unas reservas de divisas bajo presión extrema
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Bangladés no está solo. Aunque ninguna fuente única ha precisado la cifra global agregada, la cascada de presiones similares sobre decenas de economías en desarrollo importadoras de energía sugiere que se necesitarán miles de millones de dólares en apoyo financiero adicional para evitar una inestabilidad económica regional más amplia.
El informe de la AIE de 2026 captura a un mundo en un punto de inflexión. La crisis del estrecho de Ormuz está acelerando dos tendencias opuestas de forma simultánea: una carrera desesperada a corto plazo para asegurar cualquier suministro fósil disponible (especialmente carbón y gas), y un sprint estratégico a largo plazo para construir un sistema eléctrico que esté aislado de estos shocks para siempre.
El flujo neto de capital, dólar a dólar y euro a euro, se mantiene en una proporción de 2 a 1 a favor de la energía limpia. Pero el resurgir del gasto en carbón es un recordatorio brutal de que las crisis no solo aceleran el futuro, sino que también pueden resucitar el pasado.