La causa principal fue una severa sequía: las lluvias cesaron, los pastos se agotaron, y el ganado empezó a morir. Esto provocó una escasez aguda de alimentos y un aumento desorbitado de los precios. La situación se agravó porque, de forma casi simultánea, estalló la plaga de Amuás (طاعون عمواس) en la región del Levante (Sham, la actual Siria y sus alrededores). Esta epidemia diezmó a la población y dificultó enormemente el envío de ayuda desde esa región, que era una de las principales fuentes de grano para el Hiyaz.
El califa Umar no permaneció de brazos cruzados. Su respuesta combinó una profunda fe, una asombrosa capacidad organizativa y un sacrificio personal que marcó un precedente en la historia del liderazgo islámico. Las crónicas destacan cinco acciones fundamentales:
Es un error común pensar que figuras importantes como Abu Ubayda ibn al-Jarrah o Muadh ibn Yabal murieron en el Año de las Cenizas. Las fuentes históricas más rigurosas, como las de Ibn Sa'd y Al-Tabari, confirman que estos prominentes Compañeros fallecieron a causa de la plaga de Amuás, que fue un evento paralelo y distinto, aunque contemporáneo. No hay evidencia sólida de que ningún Compañero conocido haya muerto específicamente por la hambruna del Año de las Cenizas.
Aunque el relato general es claro, los historiadores debaten algunos detalles:
El Año de las Cenizas es mucho más que una historia de sequía y hambre. Es un modelo de cómo un líder puede gestionar una crisis combinando la fe, la acción gubernamental eficaz y la empatía personal. La estrategia de Umar —basada en la ayuda inmediata, la movilización de todo el Estado, la supervisión directa y la flexibilidad legal— ha sido estudiada por académicos modernos como un ejemplo temprano de gestión de desastres y política social en el mundo islámico.
Para quien quiera investigar más a fondo, las fuentes más fiables son: